Desmesura y desubicación
La ocupación de las oficinas de Litoral Gas por un grupo de presuntos damnificados por la tragedia de calle Salta constituyó un episodio violento, vergonzoso e injustificado que, al igual que otros...

Jueves 15 de Mayo de 2014

La ocupación de las oficinas de Litoral Gas por un grupo de presuntos damnificados por la tragedia de calle Salta constituyó un episodio violento, vergonzoso e injustificado que, al igual que otros reclamos desmedidos de dicha gente, deslegitima su accionar. Digo que fue injustificado porque la Justicia en sus ramas civil, penal y administrativa no le ha cerrado las puertas a los reclamantes, por lo tanto no pueden mediante la violencia  pretender apurar o condicionar a la Justicia. Fue un episodio más de violencia que se agrega a los múltiples hechos de violencia que carcomen el tejido social y degradan nuestra calidad de vida. Pareciera que más que justicia persiguen venganza. Víctimas inocentes de ese accionar fueron clientes y empleados que ninguna responsabilidad tuvieron en dicha tragedia pero desgraciadamente en nuestro país abundan los episodios en que para defender derechos o intereses todo vale y no importa perjudicar al prójimo (piquetes, usurpaciones, huelgas salvajes). Esta actitud me recuerda la de los familiares de las víctimas de Cromagnon que también incurrieron en desmesura y durante años inutilizaron y cerraron una calle pública con un ridículo recordatorio formado principalmente por zapatillas. Los damnificados por la tragedia de calle Salta eviten  equipararse a patoteros, piqueteros o barrabravas. Tienen  que respetar los tiempos de la Justicia y acatar lo que ésta oportunamente resuelva. Si recurren a actitudes impropias debilitan sus argumentos y razones. Me parece impropia la pretensión de que se expropie el terreno donde ocurrió la tragedia para erigir allí un recordatorio. Primero, porque con ese criterio habría que multiplicar los recordatorios en todo el país. Y en nuestra ciudad, ante las múltiples tragedias e innumerables víctimas provocadas por la delincuencia o por irresponsabilidad de autoridades o conductores. Casi no habría manzana en que no procediese un recordatorio. Y segundo, habiendo tanta pobreza y carencias, creo que es un desatino destinar dinero público, es decir de todos, para un recordatorio, cuando no hay dinero suficiente para concluir el hospital de la zona sur, proteger a las escuelas del vandalismo, evitar muertes transformando rutas en autopistas. No hay que lucrar ni procurar réditos políticos con el dolor. Conozco en carne propia el dolor por un daño injusto, no sólo por mi profesión sino porque perdimos una hija recién nacida por mala praxis médica, pero ni se nos ocurrió intentar compensar una vida irrecuperable con actitudes o pretensiones desmesuradas. Conservamos nuestra dignidad. Sirvan estas expresiones para que prime la cordura.

Raúl Miguel Ghione