Lunes 15 de Noviembre de 2010
En enero próximo se nos aproxima un casamiento por lo que decidimos con mi mamá comenzar a ver vestidos para dicho evento. Emprendimos la búsqueda por las tradicionales calles céntricas hasta toparnos con un local ubicado en calle España entre Córdoba y Rioja. La vidriera era muy llamativa y además el local tiene mucha publicidad por lo que decidimos ingresar. "¿Para qué?", fue la pregunta que ambas nos hicimos al salir. La señorita que nos atendió se dirigió de manera despectiva hacia nosotras, nos enseñó unos pocos vestidos de muy mala gana, y nos negó la muestra de otros tantos (que por cierto eran bellísimos). Después de semejante desprecio coincidimos con mi mamá en retirarnos. Pero nos quedaron las ganas de hacerle saber a esta señorita que somos gente de bien, trabajadora, que tenemos el dinero para comprar los vestidos (que entre los dos sumaban aproximadamente 4.000 pesos), que no fuimos a pedirle que nos los prestara o regalara. Ojalá entienda esta “vendedora” que la buena atención al público es indispensable para hacer sentir cómodo al cliente. Eso es lo que vende, y que si no le gusta el trabajo que realiza, que renuncie por respeto a todos los que llegamos al lugar ilusionados buscando un lindo atuendo para algún evento y nos vamos con ganas de no volver nunca más.
Samanta Vallelonga,
sami_nob@hotmail.com