Lunes 26 de Abril de 2010
Hace pocos días y después de dos años pude viajar a Rosario. Actualmente resido en el sur. Con mucha bronca observo las desigualdades en las que nos sumergen los gobiernos de turno. Yendo por calle San Martín hacia el sur de la ciudad, como siempre pareciera que Rosario termina en Arijón. Más allá es un submundo en el que todo se viene abajo. Las viviendas, las calles, la mugre, las personas, porque también son seres humanos quienes allí habitan. Por supuesto que los recipientes que coloca la Municipalidad para depósito de residuos allí no se encuentran ni está en condiciones la única plaza donde los niños pueden jugar. Ojalá descubran que la fachada del centro no es Rosario. Ojalá para mi próximo viaje tenga que arrepentirme de lo que digo con bronca y que toda la ciudad luzca tan bella como el casino, que lo único que logra es esquilmar a los pobres que buscan una solución rápida y milagrosa a su miseria. Ojalá les cobren a los especuladores de la timba financiera y distribuyan entre aquellos que todavía no han dejado de ser indigentes y pobres. Por un Rosario inclusivo.
Matilde Luisa Abraham
DNI 13.923.114