Jueves 30 de Enero de 2014
Hace aproximadamente un mes me recetaron en Pami II una resonancia magnética que tuve que autorizar en ese establecimiento, debía realizarla en el Hospital Italiano y tenía que pedir turno personalmente. Me pareció insólito que siendo de la zona norte y teniendo prestadores mucho más cercanos a mi domicilio, igualmente que mi médico de cabecera que era también de esa zona a igual que todos sus pacientes, nos derivaran a un hospital que queda al otro lado de la ciudad. El día anterior me suspendieron el turno por encontrarse averiado el aparato. Pasado un tiempo prudencial, volví nuevamente al Pami II donde me informaron que debía ir a la delegación de calle San Lorenzo (tiempo atrás no lo dejaban autorizar a ellos). Saqué turno a las 9 de la mañana, estaba atestado de pacientes mayormente con el mismo problema. Pedí hablar con los facultativos, quienes me contestaron que no podían hacer nada. Salí de ahí cerca de las 13.30, con mucho calor, sin comer, sin tomar agua y estando parada en varias oportunidades porque los asientos no alcanzaban. Llegué a mi domicilio a las 14. Pregunto: ¿por qué tanta desidia con la gente mayor? ¿Quiénes fallan? ¿Los empleados, los médicos auditores o la administración? Creo que son estos últimos, ¿creerán en su eterna juventud? Por favor, primero trabajen y si no saben, infórmense. No mientan más y digan que las reformas son para el bien del jubilado. Piensen que alguna vez con suerte llegarán a ser viejos. Quería comentarles que después de tantos inconvenientes logré hacerme el estudio. ¡Qué fácil hubiera sido no tener tantos obstáculos!
Haydée Vall
DNI 3.892.592