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Desesperada búsqueda de una madre tras la misteriosa desaparición de su hijo

El muchacho de 20 años había llegado a la ciudad la primera semana del mes para quedarse en la casa de un familiar, en Empalme Graneros. Y nunca volvió al Gran Buenos Aires.

Sábado 25 de Octubre de 2014

Elsa Godoy es una madre que llora, que no entiende que su hijo Franco haya viajado de paseo a Rosario desde su casa de Florencio Varela y que luego de haber sido demorado en una seccional policial el martes 7 de octubre su huella se haya perdido. El muchacho había llegado a la ciudad la primera semana del mes para quedarse en la casa de un familiar, en Empalme Graneros. Y nunca volvió al Gran Buenos Aires. Por eso su madre vino a buscarlo cuando consiguió los 70 pesos para pagarse el boleto de tren. Eso fue el 13 de este mes. Cuando llegó preguntó por su hijo en seccional 7ª, en la que estuvo detenido, y le dieron razones "inverosímiles" sobre las causas de la demora. Además, dice, "no nos dejaron ver el libro de guardia". Por eso acudió a Fiscalía y le prometieron activar el tema. Pero hasta ayer no tenía "novedades" de Franco Ezequiel Casco, su hijo.

El joven tiene 20 años y trabaja como albañil con su padre, Ramón. Tiene un hijo de 3 años llamado Tiago y una pareja de 18. Elsa, su madre, aparenta unos 50 y pico de años y su pelo renegrido le cae sobre su espalda arqueada."Franco vino a Rosario a pasear. Pero no tenía un tiempo determinado para volver. Acá tenemos familia, 9 primos, y estuvo mucho con uno de ellos. Esa semana se quedó en la casa de María, una hermana de su padre", cuenta la mujer en voz baja y siempre al borde de las lágrimas.

Su tristeza se palpa en cada palabra pero se repone y desanda los pasos de su hijo por la ciudad. Su hija Malvina, atenta a cada gesto, la ayuda. "Nosotros éramos de Rosario pero nos fuimos a Buenos Aires hace 20 años. El quería venir para estar con la familia. En Florencio Varela no tenía problemas con nadie, tampoco antecedentes penales. A veces fumaba marihuana y se ponía nervioso, pero ahora estaba bien", dice mientras suspira agobiada.

Cuenta todo sentada en la entrada del comedor del padre Edgardo Montaldo, en el barrio Ludueña. Allí un grupo de militantes sociales la rodean y la asisten en su peregrinar. "Es que conozo poco ya de Rosario", se justifica.

Todo bien. "Franco estuvo una semana en Empalme. A los pocos días de haber llegado yo la llamé a María (su ex cuñada) y le pregunté cómo estaba él. Me dijo que bien, que tranquilo. Eso fue el domingo 5. Pero Franquito me llamó el lunes 6 y me dijo que se volvía para Buenos Aires y que nos extrañaba mucho porque era la primera vez que salía de casa".

El martes 7 Elsa se fue a Retiro a esperar a su hijo. El tren sale habitualmente a las 23 y llega a las 6. A esa hora estaba ella en el andén. Bajaron muchos como Franco, que apenas tienen 70 pesos para llegar a la Capital. Pero él no llegó y su madre volvió a Florencio Varela. Dos días después le dijo a su ex marido, Ramón Casco, que su hijo no aparecía y Ramón vino a buscarlo. Deambuló por las estaciones de trenes y de colectivos, recorrió la zona de la costa central, fue a denunciar a la seccional de Empalme Graneros la desaparición de su hijo y caminó, caminó mucho hasta llegar a la seccional 7ª. Allí le dijeron que el chico había estado demorado allí y no le dieron más datos. El día 13 Elsa juntó unos pesos y se vino a Rosario.

Cuando el muchacho decidió venir a la ciudad, el primer día de este mes, empacó dos mochilas con ropa, sacó un boleto de tren y guardó 200 pesos. Esas eran todas sus pertenencias y su dinero. Y no tenía una fecha precisa para volver, al menos eso le dijo a su madre.

El lunes 6 de octubre a las siete de la tarde Franco Casco dejó la casa de su tía en Empalme, llevaba encima sus documentos y las mochilas. "María me dijo que fue a la estación de trenes, pero no sabemos qué pasó después".

Franco se volvió invisible ese lunes. Pudo haber salido de Empalme Graneros, pudo haberse quedado en la casa de alguien por el barrio, pudo haber dormido en la calle, pudieron haberle robado. Entre las seis de la tarde del lunes y las 13.30 del martes nadie sabe que pasó, o al menos no se lo contaron a Elsa. El muchacho volvió a aparecer en una extraña situación y sin las mochilas ni el dinero y, al parecer, medio perdido.

Un libro sin firmas. Cuando Elsa fue a la seccional 7ª, en Cafferata al 300, le dijeron que había estado detenido allí. Un suboficial admitió que lo había detenido el martes siete al mediodía muy cerca de la seccional y le dijo que el joven estaba "dado vuelta", que cuando lo llevaban "comenzó a pegarles a los policías y que levantó un cascote del piso y se los tiró". Elsa no creyó en esa historia y pidió ver el libro de guardia.

La mujer estuvo una hora esperando, no querían mostrarle el libro. Ella insistía: "Yo sentí que mi hijo estaba ahí, en la comisaría, y que no me querían decir nada, que estaba golpeado, era todo muy raro". Finalmente el mismo suboficial que la atendió le leyó el libro, pero no se lo mostró y ella no vio si la salida estaba firmada.

A partir de ese momento fue a la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia, a la Fiscalía en turno y comenzó la búsqueda en hospitales. Pegó fotos de Franco en la zona del bajo y preguntó hasta en la morgue. "Quiero que esto termine, que aparezca como sea. Me llama la atención que las fotos que pegué alguien las arrancó. Yo voy a pegarlas de nuevo. El nunca tuvo problemas ni antecedentes, era incapaz de pegarle a nadie, es más, cuando veía un móvil policial salía corriendo por miedo a que lo llevaran. Que aparezca", dice Elsa y contiene aún más su espera. Suspira, cierra los ojos, y no se rinde.

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