Domingo 17 de Marzo de 2013
De la frialdad germana de Benedicto XVI, el pontificado ha pasado a una comunicación gestual genuinamente argentina entre bromas, besos y abrazos de Francisco, quien además habló castellano en público por primera vez desde su elección.
El primer Papa latinoamericano de la historia hizo gala ayer de buen humor en su primera audiencia con los medios de comunicación, a los que dejó un mensaje que parece toda una declaración de intenciones.
"Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres", dijo Francisco, que en su pasado como cardenal Jorge Mario Bergoglio fue reconocido por su trabajo con los más desfavorecidos en el país.
Después de la audiencia, que duró poco más de media hora, el Vaticano anunció que la primera reunión del nuevo pontífice con otro jefe de Estado será con la presidenta argentina Cristina Fernández y que el esperado encuentro con el Papa emérito Benedicto XVI tendrá lugar el sábado 23 en Castel Gandolfo.
Y en su primera decisión de política interna, Francisco confirmó "provisionalmente" a todos los responsables de la curia y las comisiones pontificias del Vaticano, mientras se reserva un tiempo a "la reflexión, la oración y el diálogo, antes de cualquier nombramiento o confirmación definitiva".
Unas 6.000 personas, entre periodistas, sacerdotes y algunos invitados, se dieron cita en el aula Pablo VI del Vaticano para escuchar las palabras del Papa, que habló en italiano y en el último tramo del encuentro retomó el castellano.
Francisco hizo una reflexión sobre el trabajo de la prensa y recordó que la Iglesia no tiene una naturaleza política sino espiritual, cuyo único objetivo debe ser transmitir la verdad, la bondad y la belleza de la palabra de Cristo.
En otro mensaje sorprendente, dijo que daba su bendición a los presentes en silencio por respeto a la conciencia de cada uno. "Muchos de ustedes no pertenecen a la Iglesia católica, otros no son creyentes. De corazón les doy la bendición en silencio, respetándoles, pero sabiendo que cada uno de ustedes es hijo de Dios", aseguró en castellano, metiéndose a todo el auditorio en el bolsillo.
"Este Papa es increíble", era el comentario unánime de los periodistas a la salida de la audiencia con Francisco. "Va a ser un Pontífice revolucionario". "En una semana este argentino es capaz de poner el Vaticano patas arriba". "Es demasiado bueno para ser verdad", y todo así.
Francisco sigue rompiendo moldes, y ayer se convirtió en el primer Papa que revela algunos detalles del Cónclave. Mientras leía un discurso en el que analizaba la tarea de comunicar, abandonó el texto y siguió hablando espontáneamente. "Algunos no sabrán por qué he decidido llamarme Francisco. Les voy a contar una historia..." arrancó al más puro estilo de cura de parroquia.
Explicó que durante el cónclave estaba sentado en la capilla Sixtina junto al cardenal brasileño Claudio Hummes, ex arzobispo de San Pablo y ex prefecto de la Congregación para el Clero. "Un gran amigo", resumió.
"Cuando la cosa comenzaba a ponerse peligrosa (por la cantidad de votos que lo nombraban), me reconfortaba". Cuando consiguió los 77 votos necesarios para convertirse en Papa (y se siguieron sumando hasta alcanzar los 90), el ahora Papa contó que los cardenales rompieron a aplaudir. "Hummes me abrazó, me besó y me dijo: «No te olvides de los pobres». Esas palabras: los pobres. Pensé en san Francisco de Asís. Luego pensé en las guerras, mientras el escrutinio proseguía. Pensé en Francisco, el nombre de la paz. Y así entro ese nombre en mi corazón: Francisco de Asís. El hombre de los pobres, de la paz, que ama y custodia al creador. ¡Y en este momento con el creador no tenemos una relación tan buena!", indicó con una sonrisa cómplice. "¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!", cerró la idea.
El Pontífice también bromeó con algunos de los nombres que algunos cardenales le sugirieron. "Alguien me dijo que debía de llamarme Adriano por Adriano IV, el gran reformador. Otros me sugirieron Clemente XV en venganza contra Clemente XIV, que suprimió la compañía de Jesús", aseguró con sorna.
Francisco, como en todos sus discursos desde que el miércoles por la noche se convirtiera en Papa, insistió en que lo fundamental en este momento es volver a colocar "a Cristo en el centro". "Sin él ni Pedro ni la Iglesia existirían y no tendrían razón de ser". Y admitió que la Iglesia tiene "sus virtudes y sus pecados".
Después del discurso saludó personalmente a un grupo de periodistas con los que no escatimó en gestos de cariño. Inclusive abrazó a un saludo y acarició el perro lazarillo de un reportero radial italiano ciego.
Virginia Bonard, colaboradora en el área de prensa en el arzobispado de Buenos Aires, protagonizó la imagen de la jornada al regalarle un mate para que no olvide las buenas costumbres argentinas en Roma.
"Le regalé un mate, que era mío, con una bombilla que era de mi esposo y con una cartita en la que le pongo algunas cosas", explicó Bonard.
Su biógrafo autorizado Sergio Rubín también estrechó la mano a Francisco. "Me encontré exactamente al Jorge Bergoglio con el que me encontraba por la calle en Buenos Aires", dijo Rubín. "No ha cambiado nada. Es el mismo de siempre. No me he encontrado un Papa impostado".
Tras este encuentro, Francisco volverá a aparecer en público hoy en el tradicional rezo del Angelus ante miles de fieles en la plaza de San Pedro.