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Desde marzo habrá un policía por manzana en el barrio Las Flores

Con trazo grueso, así trabajarán los agentes de la policía comunitaria, experiencia que se pondrá en marcha a partir de marzo en ese extremo del distrito sudoeste.

Domingo 26 de Enero de 2014

En menos de dos meses, cada una de las cuarenta manzanas del barrio Las Flores tendrá un policía asignado. Los vecinos conocerán su cara, nombre, número de teléfono celular y correo electrónico y, además, podrán convenir horarios y formas de patrullaje. Con trazo grueso, así trabajarán los agentes de la policía comunitaria, experiencia que se pondrá en marcha a partir de marzo en ese extremo del distrito sudoeste, lacerado por el accionar de bandas delictivas.

La policía de proximidad debutó la semana pasada en el barrio Barranquitas de la capital provincial. Se la presentó como una experiencia que intenta marcar un perfil diferente en la fuerza, altamente cuestionada, con una función principalmente preventiva y un diálogo directo y cotidiano con los vecinos.

"Los agentes tienen una formación específica como facilitadores comunitarios, y van a poder sumar la voz de los vecinos, canalizar la información que tiene la propia comunidad y generar un espacio para la participación de la ciudadanía en temas específicos relacionados con la seguridad", explica Juan Manuel Neffen, director provincial de Proximidad Policial, área de la cual depende el programa de policía comunitaria.

De acuerdo a los planes del Ministerio de Seguridad provincial, durante el mes próximo los uniformados comenzarán una "tarea de sensibilización" en el barrio. Comenzarán a contactar a los principales referentes sociales y se presentarán a los vecinos entregando un folleto que explica las características del programa.

Si bien tendrán móviles propios, además de los de las comisarías de la zona y el comando, los policías comunitarios recorrerán las calles básicamente a pie durante ocho horas. El horario para el comienzo y el final de las rondas se acordará con los vecinos de acuerdo al pulso de cada zona del barrio.

Territorio heterogéneo. Como otras barriadas de la ciudad, Las Flores no es un único territorio. En las 65 hectáreas que se extienden a espaldas del casino City Center, entre la avenida Batlle y Ordóñez, Circunvalación y la avenida San Martín, conviven por lo menos tres barrios con historia, fisonomía y acceso a servicios diferentes.

La calle España marca los límites entre Las Flores Este (hacia San Martín) y 17 de Agosto (hacia Moreno); con su costado más pobre, el asentamiento La Granada. Esa misma arteria funciona como margen entre la jurisdicción de las subcomisarías 19 y 20.

La diferencia no es sólo de nombres: Las Flores Este es un barrio de casas bajas, llenas de rejas, dispuestas en un trazado caprichoso de manzanas no uniformes, con gran número de cortadas y pasajes peatonales. Las calles están pavimentadas, las zanjas exhiben el pasto cortado y el año pasado el barrio inauguró cloacas. "Es un barrio tranquilo", asegura un grupo de hombres sentado en la vereda del centro de jubilados.

Los barrios 17 de Agosto y La Granada son más humildes. Allí los pasajes no están identificados con nombre, apenas números, no hay cloacas y las mujeres y los niños hacen cola para retirar una ración del comedor del barrio. Una postal que contrasta con varias viviendas de dos plantas, algunas en construcción, que se levantan a sólo una cuadra, sobre las calles que terminan en el casino.

Estas construcciones alternan con las tiras de casas idénticas construidas a partir de 1968 como parte de distintos planes de vivienda. Y si bien las habitan desde nuevas, muchos pudieron escriturar recién el año pasado.

25 años atrás. En Las Flores conviven unas 10 mil personas, 9.945 según el último dato oficial disponible (el censo 2001). El barrio llegó a la primera plana de los diarios nacionales con los saqueos del 89. Y la pobreza volvió a mostrar su peor cara en diciembre de 2001. Sobre el techo de una de las dos escuelas primarias públicas del barrio, la Serrano, un policía asesinó al militante social Pocho Lepratti. Por eso en varios paredones del barrio persiste la leyenda Pocho Vive subrayada por hileras de hormigas.

Hace una década, el violento enfrentamiento entre bandas de delincuentes conocidas como Los Monos y Los Garompas ató su geografía a las crónicas policiales. Y tras el asesinato del líder de la primera de estas bandas, Ariel Pájaro Cantero, el barrio volvió a reducirse a un territorio narco, con todo lo que ello implica.

"Si nuestros pibes van a pedir un trabajo y dicen que viven en Las Flores, les cajonean el currículum. No los llaman. Eso significa vivir en Las Flores", ilustra una vecina.

A principios de septiembre pasado, por las calles de Las Flores se corrió la segunda maratón con la consigna "Por el uso de los espacios públicos decile no a la violencia". La iniciativa fue propuesta por la "mesa barrial", en la cual participan referentes de las instituciones del barrio y funcionarios municipales y provinciales con el objetivo de promover la participación ciudadana y garantizar el fortalecimiento de la convivencia.

Para el director del Distrito Sudoeste, Marcelo Gallione, "la llegada de la policía de proximidad significará un aporte más a los esfuerzos diarios que realizamos para mejorar la convivencia ciudadana, garantizar el acceso a la participación de los vecinos en las políticas públicas planificadas para el sector y promover la fuerte reapropiación del espacio público".

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