Desde el dolor y la bronca
Les escribo desde el dolor y la bronca que hemos pasado desde el 1º de mayo hasta el 18 del mismo mes, desde que mi padre ingresa internado en el Sanatorio de los Nuevos Ayres (léase de los Viejos Ayres, no por su estructura edilicia sino por la desidia en la atención)

Lunes 18 de Junio de 2012

Les escribo desde el dolor y la bronca que hemos pasado desde el 1º de mayo hasta el 18 del mismo mes, desdeque mi padre ingresa internado en el Sanatorio de los Nuevos Ayres (léase de los Viejos Ayres, no por su estructura edilicia sino por la desidia en la atención), luego de ser derivado desde el Policlínico Pami II por falta de cama. A partir de ese día comienza una odisea y una agonía para él y para nosotros, su familia. Allí mi padre es virtualmente depositado en una cama sin interesarle a nadie lo que le estaba sucediendo, sin que ningún especialista lo pase a ver, aun informando éstos últimos lo contrario. Donde teníamos que correr por los pasillos a la señorita que se hacía conocer como médica de sala, la cual jamás se preocupó por el paciente sin advertir que la salud de mi padre desmejoraba día a día. Si bien nos habían dicho que su cuadro era irreversible, nunca recibimos repuestas médicas y humanas hacia mi padre, convirtiendo el cuadro, en un virtual velatorio en vida. Después de tanto luchar, logramos el traslado a Pami II, en donde no tenemos más que palabras de agradecimiento a la doctora que lo atendió, María Inés Viale, a su equipo médico y a los enfermeros del segundo piso de la habitación 214, que hicieron lo imposible para que sus días fueran más llevaderos, recibiendo todo el amor por parte del cuerpo médico y de enfermería hasta el último día de su vida, que fue el 31 de mayo pasado. Afiliados de Pami, que esta situación no vuelva a repetirse, tanto en el mencionado sanatorio, como en otros "sanatorios tercerizados", aunque se continúa poniendo en manos de esos médicos, enfermeros y nosocomios la vida de nuestros seres queridos y reciban el trato de objetos destinados irremediablemente a una muerte indigna.

Gabriela Benevento