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Descentralización

La crisis actual, a la que Obama prometió combatir con recetas fiscales keynesianas de fuerte aumento del gasto público y grandes obras de infraestructuras, servirá para rediseñar un sistema económico mundial menos apoyado en la especulación financiera y con mayores dosis de regulación para los mercados de capitales. Aún así, nadie vaticina el final del sistema capitalista de mercado interdependiente como eje estructurante de la política internacional, un modelo al que todas las potencias siguen apostando a pesar de las disfuncionalidades que explotaron en las bolsas de las capitales centrales.

Domingo 11 de Enero de 2009

La crisis actual, a la que Obama prometió combatir con recetas fiscales keynesianas de fuerte aumento del gasto público y grandes obras de infraestructuras, servirá para rediseñar un sistema económico mundial menos apoyado en la especulación financiera y con mayores dosis de regulación para los mercados de capitales. Aún así, nadie vaticina el final del sistema capitalista de mercado interdependiente como eje estructurante de la política internacional, un modelo al que todas las potencias siguen apostando a pesar de las disfuncionalidades que explotaron en las bolsas de las capitales centrales.

Una de las dimensiones más importantes de esta nueva multipolaridad que asoma será la licuación de la hegemonía estadounidense para marcar la cancha en cuestiones económicas.

Un indicio en ese sentido fue el papel ocupado por el G-20 a la hora de discutir las nuevas bases que servirán para ordenar el tablero económico mundial. Con los países del G-8 en plena y feroz recesión (Estados Unidos, Canadá, Japón, Alemania, el Reino Unido, Francia, Italia y Rusia), los países emergentes —con China e India a la cabeza— sumaron fuerzas y saldrán sin duda con mayor poder de decisión global que antes.

Con la crisis, el nuevo club de los poderosos, el bloque conformado por China, India, Rusia y Brasil (Bric) consolidó su presencia en el tope del ranking de los más poderosos.

China, que no pudo escapar al efecto derrame de la recesión mundial, aparece, sin embargo, como la ganadora del nuevo rompecabezas geopolítico.

Con reservas de 1,9 miles de millones de dólares, la nación asiática lanzó en diciembre pasado un plan de inversiones de 586.000 millones de dólares para apuntalar el mercado interno y evitar conflictos sociales por la caída de la actividad. Además, las autoridades aprovecharon la falta de liquidez en los mercados de las potencias centrales para salir sutilmente "de compras" de la mano de la agencia China Investment Corporation —el brazo ejecutor de la expansión financiera en el exterior—, que cuenta con un presupuesto de 200.000 millones de dólares. China también ganará poder de influencia a partir del nuevo rango del G-20, desde donde los países del bloque Bric podrán reclamar una mayor participación en toda la estructura institucional internacional, lo que incluye tanto el Banco Mundial como la Organización Mundial de Comercio y el Fondo Monetario Internacional.

La otra pata del renacer asiático es la India, entre las diez potencias económicas del mundo y con un producto de 850 mil millones de dólares por año. Desde hace casi una década, ese país viene creciendo a tasas de dos dígitos de la mano de un fuerte boom asentado en productos y servicios tecnológicos. India es hoy la casa matriz de algunas corporaciones de primer nivel global como Tata, un holding diversificado con intereses en el acero, los automóviles y la construcción.

Rusia, con renovado liderazgo desde principios de siglo más que nada gracias a las divisas que le aporta la exportación de petróleo y de gas a Europa, dejó atrás el trauma del fin del comunismo y logró volver a ubicarse como protagonista central de la vida política mundial.

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