Cartas de lectores

Derechos vulnerados

Domingo 02 de Agosto de 2020

Es difícil, es embuirme en un estado de perplejidad absoluta cuando de nuestros derechos por ser mujeres nos atraviesa de una manera ilógica y diría hasta de irreverencia (¿raro no?). No es la pandemia Covid-19 que nos asesina por dentro a través de un bicho, dicen, proveniente del Oriente. Es la violencia misógina construida por los machos a lo largo de la historia. No son hijos del “sano patriarcado”, deconstruyamos la frase “hijos sanos del patriarcado”. La violencia instalada por doquier en el mundo crece, agudiza el instinto animal del varón y mata, “si no eres mía, no serás de nadie”. Poder absoluto, poder con mirada del macho que todo puede hasta aniquilarnos. Poder absoluto para decidir sobre nuestros cuerpos, contar cuántos penes podrán para desgarrar vaginas y anos, y después asfixiar, y después morir. Poder para decirle al otro, a los otros, “vengan y miren, que yo puedo”. Y se acercan, agazapados en la complicidad de miradas y asco, pero van, uno por uno, arremeten y destrozan. “Ya está”, el gozo de poder, resuelto. Ahí la especie no existe. Un cuerpo menos, a veces dos. Los derechos obtenidos con nuestras voces en un proceso histórico a lo largo de décadas y aún se dirimen cuestiones de género y se avanza para mejorar estos derechos en un plano de igualdad, alienados a las épocas en las que se vive. Alienados a políticas públicas que no alcanzan, lineamientos en procesos que llegan tarde, que los estamentos sean nacional, provincial y/o municipal también están muchas veces con miradas machistas. La violencia machista es una cuestión cultural, la deconstrucción del varón llevará años porque fundamentada la teoría, la misoginia se replica en un alto porcentaje, sobre todo en varones, cuando de ciclos de violencia arraigadas en el hogar y que las mujeres amenazadas, hostigadas, humilladas, silencian por miedo a perder la vida. Los derechos de las mujeres que son Derechos Humanos Universales, están sumergidos a la espera de que el inmenso y abundante patriarcado no siga soslayando, lo que en esos derechos se proclama. Calidad de vida, hábitat, economía. Recursos que oscilan entre lo paliativo y corto plazo. La violencia institucional que se ejerce en lugares donde las féminas acuden, denotan tristeza, frialdad, es sensación de un lugar ávido de energías que le permita a la mujer tener otra mirada. Los derechos de los espacios físicos vulnerados. Justo allí donde lo que no “reina” es una mejor recepción. Claro ejemplo es la Comisaría de la Mujer en nuestra ciudad, hace años que desde distintas organizaciones de mujeres se ha denunciado por las condiciones edilicias en las que se encuentra, vetustas y paupérrimas. La Comisaría de la Mujer vulnera el derecho a la ley de Discapacidad porque está en planta alta (no es cuestión bajar y tomar la denuncia), no tienen luz en las escaleras, los pasamanos rotos, paredes y techos derruidos por el paso del tiempo, con el riesgo que conlleva esperar en la recepción, que dista de ser un lugar acogedor con un poco más de confort. La vulnerabilidad al unísono de muchas voces que no silencian, porque existe, hay mucha letra y poca acción. Las acciones las llevan en luchas tantísimas organizaciones y movimientos de mujeres a lo ancho del país. Pero no alcanza. Las situaciones que atraviesan miles de mujeres es atroz. No todas tienen accesibilidad, no todas cuentan con recursos, ni aggiornadas a las nuevas tecnologías. No todas pueden, aún muchas en silencio. Hoy, se producen asesinatos en diferentes formas. Hoy y todo el año, reproducidos, cientos de varones machistas y los derechos básicos de las mujeres no se cumplen. Por omisión o por error, ¿dónde caben? Hoy, los presupuestos con perspectiva de género no se visibilizan prontamente. El sistema judicial imperfecto en las aplicaciones de leyes, denostados en la burocracia del papeleo. En el “mientras tanto” el “Paren de matarnos” continúa en las redes sociales porque hoy no sólo asesinan a otra mujer sino que un Estado poco sensible también mata a los derechos universales conquistados en largas y revolucionarias luchas. Hoy, todas, deseamos vivir libres de violencia. Basta de matarnos.

Silvia Delicia

Referente Red de Mujeres Sudoeste

Cuando el silencio es salud

Con una mano en el corazón, o mejor, con las dos tapando nuestros oídos, ¿no creen que aquí se habla mucho, por demás? ¿Que gran parte de lo dicho son tonterías, y que generalmente se grita, especialmente los insultos? Colmados de escepticismo, nos sometemos espantados a oír tantas palabras de barricada, de escenario, de ocasión. Todo ofrecido con vértigo, pero nunca donde y cuando realmente importa, y desde ya, escasas de toda sensatez. Transitar hoy un camino de coherencia que nos conduzca a un país en serio, se reduce y se descuida a diario, pero eso sí, palabras, denuncias, discursos, insultos y debates no faltan para nada. El cauce incontenible de temas insustanciales y propuestas agresivas, rebalsan programas televisivos, corren caudalosos por ciertos programas radiales, mancha las páginas de algunos medios escritos, flota impunemente en el discurso de algún congresista sin vergüenza. Luego, como corresponde por el contagio del hastío, termina enturbiando el cántico de las hinchadas futboleras. Penosamente, hemos convertido en una pasión argentina declarar, y compartir “boludeces” Transmitir la estupidez como espectáculo, masacrando la razón en un improductivo y cómico tiroteo verbal. Reconociendo que mínimamente hay discusiones provechosas y alaridos saludables. Nada más legítimo que el grito del postergado, el humillado, o el causado por un gran dolor o una feroz injusticia. Procuremos ignorar a los que hablan de más, evitando tantísimas palabras inútiles tiradas al viento. Fascistas inocultables, que aumentan su limitado léxico con insultos, retaceando el pensamiento y abonando la intriga. Personajes lamentablemente públicos, quienes desconocen aquel proverbio chino: “No hables, a menos que puedas mejorar el silencio”.

Norberto Ivaldi

Humo: buscando respuestas

Informándonos a través de los medios y las redes sociales, con gran sorpresa descubrimos que la noticia más relevante en Rosario no es la circulación del virus ni el aumento de los contagiados. En primer plano aparece el tema más candente que acosa hoy a los ciudadanos y también los enferma: el incendio y, su consecuencia, el humo en las islas provocado por el accionar de los seres humanos, a lo que se agregan ciertos fenómenos naturales. Los que hemos padecido esta molesta humareda desde hace muchísimos años por vivir en una zona cercana al río, consideramos que lo sucedido en el presente año pandémico, resulta llamativo y extraño. Los ciudadanos no comprendemos el porqué de esta situación duradera en el tiempo. No echamos culpas pero somos observadores sufrientes junto a otros vecinos y las mascotas. Hemos escuchado los más insólitos argumentos justificativos y creo que gran parte de los rosarinos nos sentimos humillados, burlados y hasta subestimados. El discurso empleado por los grandes comprometidos con las soluciones han dejado innumerables dudas e incongruencias. Cabe una pregunta, quizás retórica: qué está pasando. Nosotros, ciudadanos bastante refugiados y asustados por el avance del Covid-19, no nos involucramos como deberíamos frente a esta circunstancia. Probablemente nos enfermemos y nuestra situación se agrave con el virus. Se constató, midiendo el aire en zonas del centro, una cantidad importantísima de partículas nocivas. ¿Hasta cuándo soportaremos esta afrenta? Esforcémonos y solicitemos que nos aclaren las verdaderas razones de esta invasión de humo.

Mabel Martíne

DNI 6.651.995

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