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Denuncian abuso deshonesto contra una adolescente en una comisaría

Ocurrió la primera madrugada del año en la seccional 18ª de Rosario. La víctima tiene trece años y fue socorrida por el sumariante y el jefe de la seccional del acoso de un policía.    

Domingo 06 de Enero de 2013

La madrugada del 1º de enero todo era fiesta en Lima al 2900, en el corazón del asentamiento precario conocido como La Boca. Entonces, una nena de 13 años se fue a recorrer el barrio con su tía de 15. Eran las 3 de la mañana y la niña, a la que sólo se identificará como Karen, no imaginó que tres horas más tarde se iba a encontrar en una comisaría "aprendiendo a disparar un arma" junto a un policía "presuntamente borracho" que intentó manosearla y le hizo proposiciones deshonestas. Fue en la seccional 18ª, hasta donde la chica fue trasladada por una patrulla que la sorprendió a bordo de una moto presuntamente robada y en compañía de otro menor.

Todo quedó al descubierto alrededor de las 11.30 del 1º de enero cuando la mamá de Karen llegó a la seccional para buscarla. Entonces, el sumariante y el comisario de la dependencia de avenida Francia al 3600 le explicaron no sólo el motivo por el cual la menor había sido demorada sino todo lo que sobrevino después a manos de un uniformado que ellos mismos echaron del lugar esa noche y denunciaron. Por eso la instaron no sólo a hacer la denuncia allí mismo, sino también en Tribunales y en la Comisaría de la Mujer.

Una moto robada. Karen es morocha, alta, robusta y su mirada inocente devela los 13 años que tiene. La primera madrugada del año, mientra caminaba por la villa con su tía, se encontró con Jonathan, un compañerito de escuela. El chico la invitó a dar una vuelta en una moto y ella accedió. Al llegar a Lima y Amenábar se llevaron por delante unos cables de luz y un farol de esquina que estaba en el piso. Los chicos se asustaron un poco pero en eso apareció un móvil del Comando Radioeléctrico que los socorrió.

Al relevar la documentación del rodado, los policías constataron que el mismo era robado por lo que tanto Jonathan como Karen fueron a parar a la seccional 18ª. "Llegamos como a las 4 de la mañana. Había muchos policías y justo entró a la comisaría un pibe con un tiro en la espalda porque lo habían robado. A nosotros nos dejaron en la cocinita y nos preguntaban cosas", dijo la niña ayer, al recibir a LaCapital en su humilde vivienda y con su medio hablar. "Los del Comando lo revisaron a mi amigo y una mujer policía me revisó a mi. Nos preguntaron si éramos parientes", expresó al chica.

Al rato de estar demorados, cuando ya eran cerca de las 7 de la mañana, la situación empezó a ponerse difícil para Karen. A esa hora ingresó a la comisaría la guardia que relevaba a los efectivos que habían estado toda la noche y comenzaba el peor momento de la vida de la nena, quien vive junto a su mamá y tres hermanas en una precaria casa que la mujer compró en el asentamiento, que no es otra cosa que una suma de pasillos y laberintos surcados por aguas servidas y perros callejeros que roban la poca comida que pueden de cada casilla.

Borracho y armado. "Uno de los policías estaba borracho, parecía loco cuando caminaba. Me miró y me dijo «vos vení para acá» y me llevó donde duermen ellos. Era una pieza y yo entré y me senté en un banquito. Pasaba el tiempo. El hombre me miraba y me miraba. Se escuchaba la tele prendida desde el fondo". La nena lo cuenta todo de a poco, como tragando el miedo.

Los minutos se demoraban. "El policía me preguntó si sabía disparar un arma y le dije que no, que tenía miedo. Y entonces se sacó el revólver de la cintura y me agarró la mano y me dio el arma. Me tocaba las manos y la pierna. Le sacó el cargador, agarró mi mano y junto con la de él tiró del gatillo y me dijo que así se hacía. Tenía miedo yo", recuerda Karen.

La chiquita hace un alto, su pelo negro cae sobre su espalda, es robusta y parece más grande. "Después el hombre sacó una plata y me la dio. Yo la tiré sobre la cama y me dijo que me sentara al lado de él. Yo no quise y me tocaba la pierna y la mano y me decía que no quería que me pasara nada. Yo estaba con una remera y el hombre me puso la plata entre los pechos". La nena calló, costó que siguiera contando lo que pasó esa noche, aún estaba asustada.

"Después se fue y cuando volvió se apagó la luz. Se veía un poco y me dijo que me sentara con él, entonces vino la luz y en ese momento golpearon la puerta. Cuando se paró de la cama vi que se había sacado los borcegos y tenía el pantalón bajo; cuando caminaba se tropezaba. Entró otro policía y le preguntó qué pasaba. Entonces lo sacó de la pieza y le dio una patada en el culo", cuenta la niña y la palabra culo o bien los nervios le provocan una leve sonrisa que muestra sus dientes blancos, su cara redonda de nena.

A salvo. La menor entonces salió de la habitación de la comisaría y la abordaron otros dos uniformados: un hombre y una mujer que le preguntaron por lo sucedido. "Se quiso hacer el vivo", les dijo ella. Entonces, los mismos compañeros del policía lo sacaron de la seccional y lo mandaron a su casa.

Luego llamaron a Silvia, la madre de Karen, y la pusieron al tanto de todo lo que había ocurrido. "Yo dije que era la primera vez que pasaba esto. Vivo acá hace un año y medio y ni mi pareja ni yo tenemos problemas con nadie ni antecedentes. Este tipo se quiso abusar de mi hija pero no le va a ir bien", argumenta la mujer humilde que cobra por sus tres hijas un plan de 900 pesos, hace changas y "cuando la cosa va mal salgo a pedir para comer", como cuenta ella en voz baja.

Una vez en la seccional el sumariante, "que estaba reenojado", dice Silvia, y el mismo comisario le sugirieron que hiciera la denuncia y la trasladaron hasta la Comisaría de la Mujer. "Nos atendieron muy bien y a la nena la vio un sicólogo. Todavía está asustada, pero poco a poco se repone", contó la mujer.

La casa tiene tres dormitorios, un baño y techo de chapas. El calor se mete en cada rincón. El asentamiento empieza a mostrar su aspecto de sábado a la tarde y la niña dice que esta noche no va a ir a "dar ninguna vuelta" por el barrio. Pero su madre está mas tranquila: "Este hombre no va a joder más. Por que mi hija se salvó, pero se lo puede hacer a otra".

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