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Demolieron por segunda vez en cinco meses un búnker de venta de drogas

Pueyrredón al 2700. Fue allanado en varias ocasiones. En agosto lo derribaron pero siguió activo. Un crimen reciente estaría ligado a su actividad ilícita.  

Sábado 26 de Enero de 2013

Por segunda vez en seis meses, el Ministerio de Seguridad de la provincia demolió un quiosco de venta de drogas ubicado sobre la vía que corre paralela a calle Gálvez a la altura de Pueyrredón al 2700. El búnker ya había sido derribado el 16 de agosto pasado. "Lo habíamos demolido y volvió a funcionar. Ante las denuncias de los vecinos, volvimos al lugar, vimos la situación y decidimos demolerlo otra vez", explicó ayer el secretario de Seguridad Comunitaria, Angel Ruani.

Esta vez la demolición duró poco menos de 30 minutos. Empleados municipales de la Dirección de Control Urbano arremetieron a golpes de maza contra el quiosco reconocido en la calle como "el de Pueyrredón al 2700". Efectivos de la Dirección de Control y Prevención de Adicciones de la provincia (DPCA) hicieron una requisa en el lugar y sólo encontraron a un hombre durmiendo.

"No ocultamos que todo esto es simbólico. Que derrumbando quioscos no se va a terminar el negocio de la droga, pero lo vamos a seguir haciendo. También hay que tener claro que a la droga hay que pararla antes de que ingrese a la provincia", sostuvo ayer Ruani.

El funcionario remarcó que se contiende contra un delito de complejidad severa. "Acá confluyen un mercado cautivo importante, un sector de la sociedad que, porque lo aprietan o por miedo, convive con el narco. No hay que perder de vista que le están ofreciendo 300 pesos a un pibe para que venda y no se en que trabajos a esos chicos les ofrecerían ese dinero. El mercado que enfrentamos es complejo y muy fuerte", agregó Ruani, quien desestimó las críticas que se generaron sobre la metodología: "Es una decisión política tomada y se van a seguir demoliendo búnker que estén en terrenos fiscales", indicó (ver aparte).

Con la edificación derribada ayer son quince los quioscos abatidos durante la gestión que encabeza Raúl Lamberto en el Ministerio de Seguridad.

Siete disparos mortales. El búnker de Pueyrredón al 2700 ganó un espacio en las crónicas el 16 de mayo pasado cuando efectivos de la DPCA lo allanaron y secuestraron 1,7 kilo de cocaína y un kilo de marihuana. Hubo entonces cinco detenidos y se incautó una pistola calibre 9 milímetros, 39 proyectiles, balanzas de precisión, celulares y un Chevrolet Corsa. Pero funcionó otra vez y el 14 de agosto volvió a ser allanado. Dos días después fue demolido por primera vez.

En la calle se acusó por la caída del quiosco a Claudio Daniel Cesco, de 36 años, conocido por su apodo: Murdo, deformación de Murdock (el capitán loco de la serie Brigada A). El martes 6 de noviembre en inmediaciones de Juan XXIII y Espinillo, tres hombres que bajaron de dos autos le dispararon una docena de veces. Siete de esos plomos lo impactaron en la cabeza, el tórax, el abdomen y la región lumbar.

Lo dejaron agonizante sobre la vereda. Los policías que llegaron al lugar lo trasladaron en un patrullero hasta el Heca, pero llegó muerto. Tres semanas después del asesinato de Murdo Cesco, el búnker volvió a ser allanado. Secuestraron unos 125 envoltorios de marihuana y otros trescientos de cocaína. Cuatro personas resultaron detenidas, todas ellas mayores, de las cuales al menos dos contaban con antecedentes.

La boca de expendio derruida ayer por segunda vez está sobre la vía que corre paralela a las calles Gálvez y Virasoro a la altura del 2400, entre Pueyrredón y Santiago. Ya no era la casa que el 16 de agosto pasado, cuando fue derrumbada por primera vez, hizo trabajar varias horas a los empleados que debieron utilizar una pala mecánica.

De 4 por 4. Lo demolido ayer era una habitación de 4 metros por 4, techo de chapa y aire acondicionado sobre los fondos de lo que fuera el depósito de la quebrada empresa de micros Tirsa, con ingreso por calle Virasoro, a un par de cuadras de los monoblocks de Lagos y Rueda.

Mónica, una vecina del barrio, sostuvo a propósito de la demolición reiterada en el lugar: "Vivo por la zona y no soy delincuente. Muchos de los capitalistas de los quiosquitos son señores bien vestidos y «gente como uno». Como los del centro. ¿O te pensás que el capital (para comercializar droga) de dónde sale? ¿De las villas? ¿Los cartoneros juntan monedas y con eso comprar drogas? ¿Por qué no localizan a los narcotraficantes grandes que proveen a los quiosquitos?"

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