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Democracias plebiscitarias

Lunes 27 de Abril de 2009

La campaña es permanente: el de ayer en Ecuador fue el sexto voto en dos años y medio. El mismo patrón se cumple en los demás países gobernados por la izquierda populista regional. En Bolivia, Evo Morales apuesta a la reelección en diciembre, luego de vencer un referendo revocatorio del mandato en agosto de 2008; en Venezuela, Chávez, ya reelegido, en febrero hizo aprobar una reforma que le permitirá presentarse de por vida. En ningún país que se pueda tomar seriamente como modelo de democracia y desarrollo ocurre algo semejante. La "democracia plebiscitaria" (de algún modo hay que llamarla) es una creación exclusiva de la afiebrada inventiva latinoamericana, tan exuberante como incapaz de dar el salto cualitativo al desarrollo, donde sólo existen democracias a secas.

El objetivo de estas reiteradas convocatorias a las urnas es doble y evidente: eternizarse en el cargo y a la vez plebiscitar la figura del caudillo, aplastando a la oposición. En este modelo se cubren las formas con constituciones que son trajes a medida del jefe supremo. Mientras el presidente-caudillo acumula años en el poder, los opositores se vuelven cada vez más débiles, hasta rozar en algunos casos la figura de "disidentes" más que la de opositores. Es la situación de Venezuela, país donde se inició el fenómeno de la democracia plebiscitaria en 1998, y en el que últimamente líderes opositores han debido elegir entre el exilio y la clandestinidad como únicas opciones a la cárcel. Ecuador, con Correa, va por el mismo camino, aunque claramente se encuentra en una etapa menos avanzada del proceso de instauración de la democracia plebiscitaria.

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