Jueves 27 de Mayo de 2010
No estoy de acuerdo con la aprobación de la ley de matrimonio homosexual con adopción. Por causas democráticas, ya que siendo aceptado el derecho individual a elegir la sexualidad y marco de convivencia, la discusión debería ceñirse a qué forma darle a este modelo social. El Preámbulo de nuestra Constitución invoca como un principio fundamental "la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia" y los legisladores han jurado hacerla respetar. El Dios que invoca la Constitución fue el que estableció que el matrimonio debía integrarse por un solo hombre y una sola mujer (monogamia y heterosexualidad) y así lo especifica nuestro Código Civil. Por la libertad que cada uno dispone, puede convivir según escoja, pero es inaceptable llamar a esto matrimonio. Me opongo también a la adopción por parte de parejas gay, porque, si bien se protegería la igualdad de derechos de los homosexuales, se estaría obviando el derecho del niño a decidir si quiere vivir con dos padres o con dos madres en vez de con un papá y una mamá. Y esto es democrático.
Helena Rode,
silvissch@gmail.com