Democracia, cara pero imprescindible
El 60 por ciento entre 500 estudiantes de segundo y tercer año del secundario encuestados en Buenos Aires y Gran Buenos Aires opinaron que la democracia no es el mejor sistema de gobierno.

Sábado 21 de Mayo de 2011

El 60 por ciento entre 500 estudiantes de segundo y tercer año del secundario encuestados en Buenos Aires y Gran Buenos Aires opinaron que la democracia no es el mejor sistema de gobierno. Pero a la encuesta le faltó preguntar qué otra forma para gobernar consideraban conveniente. La mayoría de las personas está de acuerdo en que la democracia es el mejor sistema de gobierno. Lo dijo Abraham Lincoln en la ciudad de Gettysburg (Pensilvania) en 1863: "La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo". Cuatro siglos antes del trascendental advenimiento de Cristo, Clístenes de Atenas, en el 510 AC, implementó una reforma política que sentó las bases de la democracia en la Grecia antigua. El filósofo Aristóteles abogaba por esa democracia que en un principio fue participativa, porque el pueblo reunido en asamblea dictaba normas de gobierno. La democracia fue abolida por los macedonios en el 322 AC, un año después de la muerte de su conquistador Alejandro Magno. La democracia participativa era posible en la Grecia antigua con ciudades de pocos habitantes. Además, no formaban parte del pueblo las mujeres, los extranjeros ni los esclavos. Pero conforme las ciudades crecieron y todos los ciudadanos fueron considerados integrantes del pueblo, éste ya no podía gobernar de manera directa. Por otra parte, a la luz de los movimientos revolucionarios en Estados Unidos y en Francia (a fines del siglo XVIII), se iluminó una nueva forma de gobierno que se extendió hasta el presente: la democracia representativa. Esta versión de la democracia es llamada indirecta, es decir, el pueblo es gobernado por medio de representantes elegidos por el propio pueblo. Entre los distintos sistemas de gobierno, la democracia moderada (que Aristóteles llamaba así en contraposición a la democracia extrema o demagógica), es uno de los mejores. Hay algunas variantes democráticas, como por ejemplo la monarquía parlamentaria que impera en España y la monarquía constitucional de Inglaterra. En estas naciones el rey reina pero no gobierna, según la frase que acuñó el político marsellés Adolphe Thiers. Otros matices lo constituyen, por citar dos casos emblematicos, las repúblicas parlamentarias en Italia y Francia, y la república federal en Alemania, países a los que no les va tan mal con esas formas gubernamentales. En el régimen presidencialista argentino, entre los sueldos del presidente y vice; de los senadores y diputados nacionales y provinciales; de los asesores, intendentes, jefes comunales y concejales del país, además de los costos que por todo concepto originan las elecciones, el andamiaje democrático insume una significativa cantidad de dinero. Ese dinero constituye el precio que los ciudadanos pagamos casi sin excepción para preservar un sistema de gobierno tantas veces avasallado. Ahora, en pleno tiempo electoral, es imprescindible que todos los candidatos piensen en crear valiosas políticas de Estado para que su majestad ¡la democracia! sea la verdadera aliada del pueblo. Para que, como decía la publicidad de un famoso televisor, nuestra democracia sea cara... ¡pero la mejor!

Edgardo Urraco