Domingo 25 de Septiembre de 2011
La discusión, el sábado, era ociosa. Todos tienen su auto. Algunos dos máquinas. Acaso tres. No había razón para declararse enemigo del motor a explosión y abominar del acelerador. No la hay. Un ataque de conciencia verde avanzó sobre la mesa del sábado. Como dice María Elena Walsh sobre los argumentos del viaje a París de la tortuga Manuelita:” Nunca supo bien porqué”. La mesa de los sábados, sin saber muy bien el porqué, estaba discutiendo sobre autos, smog y delicias de la vida en mitad del tránsito urbano. Una injusticia para la mesa de fiambres que incluía, fruto de un regalo, un cuartito de pata de ciervo ahumado.
Roberto defendía el smog. El Coloradito, sorpresivamente, era un verde furioso. Había regresado de uno de sus viajes al interior, para vender gorritas blancas, banderines y pecheras con diversas marcas (“la mejor distinción para su club, su movimiento obrero y su manifestación piquetera la tiene vestimentas y estampados “El Colo , precios acomodados, su consulta no molesta?”) “El Colo” atacaba al ciervo ahumado y movía la cabeza: no adhirió al planteo funcional de Roberto. Al contrario, se manifestó de viva voz. No es vida la ruta. No se puede viajar tranquilo. Cada vez mas autos. Aumenta sensiblemente el parque automotor. No hay ruta que aguante. En la ciudad igual. Los cordones no son de goma, la empresa que hizo contrato con la Municipalidad tiene que recaudar, al cuete le censuran la tarifa. Deberían cobrar más caro el estacionamiento en calles, cortadas y callejuelas de todo el radio que cierran boulevard Avellaneda y Boulevard 27 de febrero. Despejar la calle a tarifazos. Multas efectivas o la grúa. Que se lleven el auto y listo. Que se asusten y no estacionen. Que vengan a pie. Vivan las bicisendas. Luchemos por la nafta a 30 dólares el galón.
Si uno no supiese que “el Colo” toma discursos prestados estaríamos en presencia del señor Green Peace, sumado a su natural carácter recaudador, propio de un fiscal antes que un vendedor de gorras de festejos. El colo, esta es una presunción, hubiese sido feliz como inspector de la DGI.
Roberto seguía en su andarivel. Otro palo. Nada de esto tiene solución porque quieren vivir en la ciudad como si fuese la quinta de Funes y el parque verde con los paráisos y el hornerito en la horqueta (juro que Roberto acentuó mal la palabra paraíso) Desean un quincho parrillero en La Peatonal, cazar mariposas del alfa en enero mientras cantan las chicharras en Corrientes y Pellegrini. Eso terminó. Aquí hay smog. Basura urbana. Alquitrán. Nicotina. Arsénico. Se ensucian los cuellos de las camisas, los resquicios de los muebles, el filtro de la computadora y el aire acondicionado split. Tiramos papelitos en la calle. Somos libres de enmugrecer el hábitat sin piedad. Esta es la ciudad. Más casas, más ascensores, más cafés al paso y más deliverys. Muchos perros sueltos y tipos viviendo en las veredas. Más cemento y menos horizonte. Esta es la ciudad. Muchachos, esta ciudad dice: nadie me va a prohibir la doble fila mientras busco a los pibes. Son dos minutos. Al que no le gusta que se vaya al campo, con las vacas y las gallinas. Acá viven los autos y el embotellamiento.
El Lalo aparenta sabiduría. Apariencia. Fue a un curso de oratoria y otro de freno a los impulsos asesinos, dictados por un reflexólogo hindú. El Tony se fue de la misma clase cuando vió que el hindú tenía los pies sucios y un olor raro. Fino el Tony. El Lalo se quedó. Muchachos, dijo, los dos minutos de cada uno son la irresponsabilidad de todo un pueblo. Tus dos minutos se deben sumar a los míos, a los del Colo, a los de Tony. Yo no tengo chicos en edad escolar, dijo Tony. Esa es la otra cuestión, siguió el Lalo, como no me hablan a mi no me preocupo. Todos usamos los dos minutos para no cumplir con la ley. se es el ejemplo a las generaciones venideras. La sociedad sin responsabilidades vota cuotas, vota viajes a Miami, vota este nuevo “deme dos” que nos azota. El Lalo se disfraza de dirigente radical fácilmente. A veces se le sale el pelo en la parte anterior del pecho, sobre la zona del esternón. Pelos de mono. De gorila. Cada uno es como es. Nosotros lo queremos. El también viaja a Miami y compra de a dos. Si se puede de a cuatro. Esto es Argentina. El argentino se enoja de lo que ama y cacarea lejos de donde pone los huevos. Nuestro pájaro nacional debería ser el tero.
Roberto retomó su discurso. “Que le cobren el peaje a todos, que le cobren a todos la nueva tegei”(allí se hizo un silencio). Si, la tasa, la tegei. Por no cobrar la tegei al precio que se debe estamos con problemas.
Ese tema lo desconozco dijo Tony, pero lo cierto es que el agua debería cobrarse según quien la gasta. Más metros cúbicos más grande la factura. El despilfarro tuyo lavando tus autos no tengo porque pagarlo yo. Ni tu pileta.
El agua es un bien de la humanidad, dijo “el Colo”. Pero purificarla es caro, acotó Tony. Que la paguen los que más tienen, dijo “el Colo”. ¿Vos te volviste comunista?, preguntó Roberto.
Uno, que lleva años escuchando las conversaciones de la mesa del sábado, sabe que “el Colo” cuando se encuentra con golfistas para venderles paraguas de sol y viseras termina hablando del hierro 8, el bunker, el águila, 4 bajo el par y el birdie. Es un buen vendedor. Estuvo con los piqueteros preparando el stock para la primera quincena de oktubre, antes de las elecciones y un clásico: los reclamos previos a navidad, cuando la chantajeada la sufren los súper y los municipios. Esta es la época de oro de los piquetes. Verano y movimiento social intenso. Más recaudación asegurada. Las organizaciones de base viven de las fechas patrias, los feriados alegres y la culpa de la clase media. La clase media política no mira a los ojos a los pobres hace demasiado tiempo.
El cordobés, un adulto mayor, había llegado temprano y estaba atacando a un ferné espumado. Exacerbado por unos bocaditos demasiado salados y una mañana buenamente soleada, el cordobés bebió un largo trago de ferné, le clavó un chorrito de soda, para empatar lo tomado y preguntó, con su tonito cordobés: ¿no será que hay demasiados autos, varón? El cordobés despertó la verdadera raza rosarina. La pelea es entre todos, hasta que un cordobés ataca la ciudad.
Volvete a tus pagos. Que te pasa a vos. Esta ciudad hace lo que quiere, no depende de Santa Fe ni Buenos Aires. El río Paraná es nuestro. Ñul y Central son más que todos los cuadros de ustedes. El “cható” Carreras está viejo y sucio. No le han puesto baños a la autopista. Traemos más turistas que Brasil. La verdad: le tiraron con todo al cordobés. Llegué a pensar que le caería mal el ferné.
Hay un Fiat nuevo que se está llevando la grúa, dijo el mozo, portando una bandeja en la derecha y dos sifones en la izquierda. El mío, gritó “el Colo”. Al diablo con amor y paz. Salió insultando. Demasiados autos, repitió el cordobés y se mandó el vaso de ferné de un trago. Nadie lo escuchó. Nos estábamos riendo del ecologista de los sábados.