Miércoles 06 de Junio de 2012
El gobierno nacional determinó un riguroso control sobre la divisa norteamericana, extendiendo la medida sobre otros tipos de moneda. Control en extremo para las personas que necesiten o no viajar al exterior Ωse supone que también sobre los que quieran efectuar viajes de placerΩ. Se dispuso la obligación de completar un formulario, vía internet; ya se han informado los requisitos. Pero un punto neurálgico si lo hay, es controlar el monto que el viajero puede gastar en el período para lo cual se gestiona la compra de moneda extranjera. Una forma de amordazar literalmente al recurrente, sobre lo que tenga que gastar. En el caso de los que necesiten viajar, algunos lo harán por razones de salud, otros para visitar a sus seres queridos, teniendo sí en muchos casos que proveer al familiar de lo inherente a la adquisición de productos alimenticios, dado que muchos que emigraron casi no pueden sostenerse. Sabemos respecto de la falta de trabajo en Europa. El gobierno dirá, la culpa la tuvo el otro. Ahora bien, en la tristemente célebre época de los 90, la depresión industrial, más el empleo público, sufrieron un monumental colapso que determinó que muchos compatriotas jóvenes y otros no tanto, emigraran al exterior en la procura de nuevos horizontes. El colapso de las entidades bancarias, la desafortunada decisión de los '70, el famoso "Rodrigazo", que también trajo lo suyo, Plan Austral, el quiebre de las entidades bancarias, corralito, corralón, amén de los descalabros en las mal llamadas cajas de seguridad, posibilitaron la fuga de dinero al exterior. Sin contar con el deterioro moral y físico de pequeños ahorristas. Sumemos la escandalosa devaluación de nuestra moneda. Y, ahora, la consabida paradoja: cuando realmente se confiaba en el país, una impresionante cantidad de industrias se radicaron por estos lares. Todo el mundo sabe que los magos cínicos e hipócritas de turno no consiguieron sacar un conejo de la galera (permítaseme la comparación). Ahora hay que pagar un alto costo que comprende lamentablemente a buena parte de la población. Un país asolado por los sucesivos gobiernos de facto, amén de la fenomenal corrupción, mal endémico de nuestro país. Si se instalara el suicidio a la japonesa, nadie se atrevería a gobernar. Una vez más, aquella famosa frase un poco olvidada que se nos impone aceptar: el fin no justifica los medios. Pero, a recapacitar: se debe predicar con el ejemplo.
Oscar H. Rodríguez,
DNI. 6.004.403