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Del duro frío de Québec a las cálidas tardes del verano rosarino

Cuatro jóvenes turistas contaron su experiencia. Playas, sol, fiestas, fútbol y la sensación de sentirse como en casa.Rosario es una experiencia distinta y nutritiva. Y así se lo hicieron saber a La Capital.

Lunes 11 de Febrero de 2013

Tanya Driussi (23 años), su novio Mathieu C"téde (24), su amiga Marili Frenette (25) y su pareja Jean Philippe Renaud (24) se mezclan en la soleada tarde junto a los parrilleros de Náutico Sportivo Avellaneda como si fueran un grupo de asociados más. Sólo cuando hablan, el dulzón y puro acento francés de estos cuatro jóvenes canadienses invita a escucharlos, a que cuenten el paso de los crudos inviernos de su Québec natal a las tardes calurosas y quemantes de mate amargo y río marrón. Son estudiantes, son turistas, para la mayoría Rosario es una experiencia distinta y nutritiva. Y así se lo hicieron saber a La Capital.

Tanya llevó la voz cantante. Es muy agradable y habla muy bien el castellano. Su papá, Fernando Driussi (un mozo y cantante que sueña con instalar alguna vez en su Rosario querida una escuela para meseros), también reside en Québec, aunque pasa la mitad del año trabajando y la otra en su ciudad, junto a los afectos, repensando la mitad del año por venir. Se crió en Arroyito y acompañó la charla, en una especie de "soporte técnico". A los varones les pidió siempre "que digan la verdad" sobre las chicas rosarinas.

Tanya ya estuvo varias veces en Rosario y la idea de visitar todos juntos la Argentina empezó cuando estaba por venir a ver a su familia, como lo hace cada dos años. "Mathieu estaba terminando la carrera de administración de empresas y me dijo que tenía ganas de irse de vacaciones. Como hace casi cuatro años que estamos de novios, pensé que sería bueno que conociera a mi familia. Y, como él juega al fútbol, también quería visitar un país futbolero como éste. Como nuestros veranos son muy distintos, pensó en tomar un poco de sol. En el caso de Marili, nos conocemos por el fútbol hace unos 14 años. Dos años atrás había venido conmigo y ahora la invité a viajar porque en lo de mi papá había lugar y lo hizo con su novio. Todo fue muy rápido", contó la joven.

Las comparaciones a veces son odiosas, pero inevitables: "Lo lindo es que hace mucho más calor que en Québec. Además, tenés el Paraná, que es hermoso. Allá tenemos el río San Lorenzo, pero está sucio y contaminado y es muy frío. La mayoría de las casas tienen piletas y hay piscinas públicas . Tampoco creas que el agua es cálida ni que hay tantos días como para bañarnos. Tenemos un mes y medio en el que, a veces, la temperatura puede llegar a los 30 grados", relató sin pausa.

"Lo que me gusta de acá es ver cómo las familias se reúnen en el club, por ejemplo. En Canadá esto no pasa. Acá se socializa y se comparte, nada que ver con nuestra sociedad, que es más individualista. Cada uno está en lo suyo", expresó Marili.

Al respecto, agregó: "Es difícil decir qué me gusta de Rosario. Es un conjunto de cosas tan diferentes a Québec. Hasta los horarios de comer son distintos, porque allá lo hacés a las 18 o a las 19. Los boliches acá son muy diferentes, la música es muy variada, pero allá es más tecno. Acá todos bailan juntos, allá eso es impensado".

Es un poco extraño verlos con el mate, aunque el ejemplo de Driussi padre cunde entre Tanya y sus amigos. "A los tres les gustó y Jean Philippe quiere que le enseñe cómo hacerlo", explicó Tanya. Y es el joven estudiante de administración de empresas, al igual que Mathieu, quien con una sonrisa cómplice trata de explicar, sin tener problemas con su novia, lo linda que son las chicas rosarinas. "Sí, se sorprendieron por las lindas colas que hay y cómo las muestran", hizo una mueca Tanya.

A su turno, Matt admitió que lo sorprendió gratamente el aspecto socializador de los rosarinos: "Es raro eso de andar dando besos a todo el mundo. Hasta los varones se saludan así. Allá se da la mano, besarse entre muchachos es impensado. Aquí todos comparten, te invitan y te preguntan. Te sentís muy cómodo".

De la ciudad le gustó su arquitectura y se sorprendió con el Monumento a la Bandera.

También fueron a algunos paradores de la isla y hasta se animaron a meterse en el Paraná. Si bien les costó ver un costado desagradable de Rosario (les pareció limpia), coincidieron en que se maneja muy mal y que no hay mucho respeto hacia los peatones. "Parece que los autos tienen prioridad", dijo Matt, con ayuda.

"No sé si volveré dentro de dos años. Rosario es mi familia, mis afectos, las vacaciones, pero hay que ahorrar para pagar los estudios, el auto y las salidas. Estoy segura de que, si decidiéramos volver, tal vez lo haríamos todos juntos otra vez. Es una experiencia fantástica para ellos. Yo estoy acostumbrada, pero siempre está muy bueno volver", se despidió Tanya.

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