Definir o inventar, esa es la cuestión
"El fin del matrimonio", se titula la carta de lectores de José Bonet Alcón publicada el pasado sábado 12/06, apelando de alguna manera a la polisemia de la palabra fin. ¿Fin como final o fin como finalidad?

Lunes 14 de Junio de 2010

"El fin del matrimonio", se titula la carta de lectores de José Bonet Alcón publicada el pasado sábado 12/06, apelando de alguna manera a la polisemia de la palabra fin. ¿Fin como final o fin como finalidad? Como sea, el autor de la carta comete varios errores en su exposición, pues si como escribe "el fin del matrimonio es, en primer lugar, la procreación y la educación de la prole", ¿habrá querido significar que habría que anular los matrimonios que no pueden procrear o que deciden no hacerlo? No lo aclara. Lo que sí queda claro es que Bonet Alcón desea analizar hechos sociales con la pretendida objetividad científica de la biología y allí yerra de nuevo. Si existiera solamente el fin de procrear y educar hijos para el matrimonio, si existiera una sola "objetividad" para los hechos sociales, tal es la institución del matrimonio, no existirían en las diversas culturas del mundo más que matrimonios monogámicos y heterosexuales; lo que desde la realidad se puede afirmar que no es así. Creo que Bonet Alcón no se refiere al matrimonio sino al apareamiento de animales; lo que es otra cosa muy diferente, ya que entra en el orden de la genitalidad reproductora. El matrimonio es una institución creada por la sociedad y con ella ha ido mutando a través del tiempo y el espacio, no tiene una sola definición, por lo que tampoco tiene una sola finalidad; tampoco es cierto que tenga como objetivo la educación de los hijos, ya que parejas no unidas en matrimonio también los educan, personas que no son padres biológicos, ni adoptivos ni casados, también educan niños. Estimado Bonet Alcón, cuando se define hay que revisar las definiciones para que no hagan agua al momento de someterlas a evaluaciones, hay que verificar que de la constatación con la realidad esa definición no quede como una mera expresión de deseos. Sus argumentos respecto de la procreación y de la educación como finalidades del matrimonio, no son válidos, no se verifican en la realidad, no son como usted pretende: "objetivos", por el simple hecho de que no pueden serlo porque provienen de un sujeto y a partir de allí son sólo una expresión de su subjetividad, nada más que eso.

Carlos Italiano, latinia@fibertel.com.ar