Jueves 17 de Julio de 2014
La Universidad Nacional de Rosario y sus escuelas preuniversitarias están atravesando una situación muy compleja signada por treinta jornadas de paro docente en reclamos de una recomposición salarial digna. Esta situación se ha ido agravando con el correr de los meses y derivó en el comienzo del receso invernal sin conocer cómo continuará este conflicto. En este marco y como un miembro de la comunidad universitaria quiero permitirme algunas reflexiones: ¿qué es lo que está en pugna? ¿Por qué hemos llegado a esa situación? ¿Hay salida al conflicto? En primera medida es necesario marcar la legitimad del reclamo salarial, por ser una medida fijada por la central que nuclea a los docentes e investigadores rosarinos (Coad) además del objetivo atraso salarial que vienen sufriendo los docentes universitarios y preuniversitarios incluso desde mucho antes del último acuerdo paritario de 2013, el que originó esta situación. Ahora bien, esta no es una situación aislada del contexto de escasez presupuestaria y del relego en las prioridades del estado que sufre la educación superior, amparada en la todavía vigente ley de educación superior del menemismo. Es por esto que la situación que atraviesa nuestra universidad debe ser contemplada dentro de una causa mayor, la lucha por la educación pública. Desde esta perspectiva se hace a todas luces evidente el necesario compromiso de toda la comunidad universitaria en esta cruzada, pero ese compromiso sólo puede surgir del debate y la discusión de docentes y estudiantes, una quimera difícil de alcanzar en los pasillos áridos y los pupitres vacíos que pueblan por estos días nuestra casa de altos estudios.
La universidad pública y gratuita configurada a lo largo de la historia por innumerables luchas del reformismo y los sectores populares, es un gran valor para nuestra sociedad, y así lo demostró el inmenso respaldo que recibió ante los avatares del neoliberalismo. En gran medida ese apoyo deriva de la percepción de muchos sectores de nuestra sociedad, que ven en la universidad una institución que abre un camino de movilidad social y formación profesional. Es responsabilidad de quienes hemos tenido la posibilidad de acceder a ella sostener ese rol y ante esta coyuntura no podemos menospreciar la situación de las miles de familias que hacen un enorme esfuerzo para costear los estudios de sus hijos, más aún de aquellos estudiantes que debaten su tiempo entre sus carreras y los compromisos laborales. Considero menester abstenernos de posiciones reduccionistas y sectoriales que erosionen la búsqueda de equilibrios entre los intereses puestos en juego y por tanto, a contramano de lo esperado, termine por dividir a la comunidad universitaria. Ello es particularmente acuciante ante la evidente vulnerabilidad en la cual nos encontramos los estudiantes, quienes en muchos casos ya perdimos turnos de exámenes, que públicamente la conducción del gremio docente manifestó que no se iban a recuperar. Estoy convencido que es tiempo de generar nuevos espacios de encuentro, es necesario construir gestos y acciones que tiendan a unir nuestro compromiso con la educación pública, donde se valore tanto el sacrificio que cada estudiante hace para estudiar, como el esfuerzo que cada docente hace día a día para continuar con convicción realizando el arte de enseñar.
Andrés Lanaro
DNI 32.175.834