Jueves 27 de Agosto de 2009
Rosario ha crecido mucho pero los rosarinos poco acompañan este promisorio destino de gran ciudad. El rosarino es arrogante, intolerante, prepotente y mal educado. Muchos automovilistas circulan y arrojan todo tipo de desperdicios a la vía pública y no respetan a nadie. Si un conductor le cede el paso a un peatón el que viene detrás le toca bocina y lo insulta. Los ciclistas no respetan semáforos y van en contramano sin importarles nada. Los peatones también tiran todo tipo de basura al piso despreciando los cestos e ignorando que de faltar éstos deben llevar sus porquerías al cesto de sus casas. La mayoría de los que sacan a pasear perros dejan los regalitos para que los pise algún desprevenido. Al caminar por el centro de la ciudad un domingo a la mañana se puede percibir ese olor inconfundible a orina. El que es hincha del otro equipo de la ciudad no es un adversario sino un enemigo. Cientos de chicos pidiendo limosna o buscando comida en los contenedores de basura ya forman parte de esta vidriera fea que ni a las autoridades ni a los ciudadanos comunes parece importarles demasiado.
Daniel Ciúffoli,
daniciu@hotmail.com