Viernes 27 de Febrero de 2009
Comenzó esta semana en el palacio de Tribunales de Santa Fe un nuevo tramo del proceso que pone frente a frente a uno de los propietarios del vespertino "El Litoral", Gustavo Víttori, con el periodista Pilo Monzón, director periodístico de diario UNO, ambos de la ciudad capital.
La querella por injurias planteada por el dueño del vespertino santafesino surge por una serie de notas aparecidas en el matutino y que tuvieron por objeto poner en el debate público el uso y destino de los fondos públicos vinculados con la relocalización del puerto local, tanto como la particular situación generada tras la adquisición de terrenos realizada por particulares en zonas próximas donde se levantará la nueva estación fluvial.
Una extraña solicitada. La tarde del 21 de abril de 2007, en el vespertino "El Litoral" se publicó una solicitada que estaba firmada nada más y nada menos que por su director y editor responsable, Gustavo Víttori. La misma se tituló: "Puerto de Santa Fe: desafíos y obstáculos en el camino de un proyecto trascendente". En la misma se abordan diferentes aspectos concernientes a la necesidad del traslado del Puerto de Santa Fe a una zona más apta para sus actividades, incluyendo un breve repaso por las conveniencias económicas y políticas de su reubicación.
Sin embargo, en dicha solicitada, el propio Víttori escribe que "al retornar de un viaje al exterior he tomado conocimiento de que un socio de "El Litoral" SRL, empresa de la que formo parte como accionista y miembro del Consejo de Dirección, ha comprado tierras de islas en las que habrán de asentarse –al menos en parte- las obras ampliatorias del puerto de Santa Fe y sus vías de acceso".
En el mismo texto avanza sobre los impactos personales y las dimensiones íntimas de su descubrimiento al retornar de su viaje al exterior. Señala: "esta compraventa, que no es objetable desde el punto de vista legal, erige una infranqueable barrera ética en razón de que he integrado por años el grupo promotor de la iniciativa".
El propio ex titular de ADEPA develó en dicha solicitada quién fue el gestor de tamaña ofuscación, el hacedor de la barrera ética, y lo describe con nombre y apellido: se trata de "Nahuel Caputto, el comprador de referencia, con quien comparto el cuerpo de accionistas de «El Litoral» SRL".
También consigna Víttori que "la mencionada compraventa no es la única que se ha producido en la zona", pero nunca avanzó en pormenores de semejante definición. Nunca dijo que otros empresarios o instituciones santafesinas compraron tierras mientras se desarrollaba el proceso de determinación de la nueva ubicación del puerto.
Ni tampoco explicó por qué sólo lo había violentado moralmente la acción del copropietario de "El Litoral", Nahuel Caputto y no los otros personajes que de alguna manera sembraron dudas y sospechas sobre lo que definió como "el proyecto más trascendente para la región".
Elementales explicaciones. Desde el diario UNO se expusieron estas contradicciones que sólo en la superficie parecen una pelea entre los socios propietarios de un diario, pero que efectivamente se trata de una disputa que incumbe a toda la sociedad ya que existe la imperiosa necesidad de crear una rampa de despegue para Santa Fe, que bien podría ser el nuevo puerto, como así también por el destino final de los fondos públicos en juego y la posibilidad de que haya habido sectores empresariales que podrían haber contado con información calificada para comprar terrenos donde se elevará la nueva terminal portuaria.
Pese a que el tema tuvo un importante eco en sede legislativa, donde diputados de todas las extracciones políticas mostraron su preocupación y hasta se presentaron pedidos de informes para aventar dudas y clarificar situaciones -suscriptos por oficialistas y opositores-, Gustavo Víttori en vez de llevar a los Tribunales a quien según sus propios dichos le "erigió una barrera ética a su accionar" y le generó un trastorno personal al que describió como "violencia moral", querelló a Pilo Monzón. Una vez más, y en un hecho sorprendente para alguien que pertenece al empresariado periodístico, en vez de despejar las sombras sobre la situación decidió emprenderla sobre el mensajero.
P. M.