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Decime qué se siente: Argentina está en la final

La selección albiceleste venció por penales a Holanda y el domingo irá por su tercer título mundial ante Alemania en el Maracaná. Romero fue el héroe en los tiros desde los doce pasos.

Jueves 10 de Julio de 2014

Desde San Pablo / Enviado especial.- En el Día de la Independencia, Argentina se independizó de los recuerdos. Cortó 24 años de videos imborrables, filmados con cinta de oro. Aquellas hazañas, que ya parecían los últimos actos de heroicidad del fútbol argentino, ahora tienen compañía. Italia 90 ahora es Brasil 2014. La selección está en la final del Mundial. Pero no de cualquier Mundial.

Argentina es finalista en la casa de Brasil tras derrotar a Holanda por penales 4 a 2 luego de empatar 0 a 0 en 120 minutos. La sede, no es un dato menor. Es la final más importante del fútbol argentino. Si le gana el domingo a Alemania, será el título más trascendente del fútbol criollo. Siempre es más difícil afuera que en casa. Y en este caso mucho más. Es el hábitat del rival de toda la vida. Del adversario que preparó todo para que sea su fiesta y en la nochecita de ayer duplicó la pesadilla. No sólo le hicieron 7 goles el martes, encima Argentina puede dar la vuelta olímpica en el Maracaná.

Las manos de Romero depositaron a la selección en el mítico estadio carioca. Pero no sólo Chiquito estaba ahí. La fuerza de piernas de Goyco estuvo también para pasarle la capa de héroe.

La entereza y personalidad del grupo estuvo en el Arena Corinthians justo en el momento preciso. En el instante indicado. Ese en el que la situación extrema exprime hasta la última gota de temperamento para elegir la mejor opción en el aquí y ahora en el que las piernas no responden y el corazón manda.

Se agolpan los recuerdos, se mezclan con otros anteriores, con los de ahora. La verdad es que pasó tanto tiempo que parece increíble.

Ahora, la generación de los pibes Play Station tendrá de dónde tomarse. Les hablaban, les contaban, les explicaban… Pero no es lo mismo. Esto que les pasa, esto es jugar desde adentro de la cancha la final de la Copa del Mundo. Así se siente. Así son los días que vendrán. Interminables y plagados de conjeturas. Queriendo adelantar el reloj para que llegue cuanto antes. Serán jornadas de excitación plena. No se hablará de otra cosa. Nada importará más que el pitazo inicial del domingo a las 16, en el Maracaná.

Desayunarán apurados, preguntarán cómo fueron los días previos de las otras finales y memorizarán pelos y señales del enemigo público número uno: Alemania. Preguntarán obsesionados cómo fue que en el 86 Argentina fue campeón y en el 90 perdió. Buscarán respuestas adelantadas al acontecimiento porque no podrán controlar la adrenalina que genera estar en la final del Mundial.

Otra vez Alemania. Será la tercera final consecutiva ante la selección que más veces estuvo en el último partido.

A un par de miles de kilómetros de los festejos del Monumento, un grupo de jugadores acuña su sueño más grande. Con virtudes, defectos, aciertos y errores, ellos están allí. Nadie lo logró luego de la generación Maradona.

El orgullo los invade. Ellos, como todos los argentinos de acá y allá, ya desandan el camino para el que será el partido más importante de sus vidas. El Maracaná es grande, pero hace falta un escenario mucho mayor. Allí habrá más de 40 millones de argentinos.

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