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De película

Lisandro Campanella corrió con 45 años el ultratriatlón “más largo del mundo”, en Villa General Belgrano. “Busco un límite, pero no lo encuentro”, dijo el rosarino tras la experiencia.

Viernes 10 de Abril de 2015

Ni una competencia cuya distancia asusta a más de uno representó un obstáculo para Lisandro Campanella. “Busco un límite, pero todavía no lo encuentro”, asegura este rosarino de 45 años, semanas después de participar en el 602K-Atletas Extremos. Fue uno de los 11 deportistas que se animaron al “ultratriatlón más largo del mundo”, según la definición de los organizadores, realizado en Villa General Belgrano (Córdoba) y que comprendió 10 kilómetros de nado y 200 km de ciclismo en el primer día, otros 10 km en el agua y 300 km de bici en la segunda jornada y 92 km de carrera en la última jornada. “La satisfacción es haber logrado el objetivo, que fue llegar. Si lo puedo hacer yo, cualquiera puede”, plantea con entusiasmo para motivar a los demás. Pero no parece tan simple.
Tampoco es fácil entender cómo fue capaz de competir cuando recién dos años y medio atrás se animó a su primer triatlón. Eso sí, siempre hizo deporte, “vóley y karate”. En 2012, un amigo del club Los Rosarinos Estudiantil, donde se crió, le sugirió que se dedique a correr. “Nunca me había gustado, pero empecé con un grupo”, cuenta.
En mayo de ese año, junto a Gonzalo Paz, “un gran amigo, que tiene parálisis cerebral”, corrió el maratón de Arlpi. Y en noviembre debutó en el triatlón de Rosario con su amigo, al que trasladó en kayac mientras nadaba, arriba de la bicicleta y en una silla de ruedas cuando tuvo que correr. Luego, en mayo de 2014, fue al Ironman de Brasil. “Después de eso, le pregunté a mi coach Sebastián Perini, ¿y ahora qué hacemos? Y me propuso el ultratriatlón, que es más duro que el Ironman”, cuenta.
En el ultratriatlón enfrentó las distancias extremas y el clima adverso desde el primer día y en la primera prueba, los 10 kilómetros de nado. “Fueron cuatro vueltas en el dique Los Molinos. En el último tramo, el agua se picó  por el viento y no se veían las boyas”, recuerda. Después, salió del agua y pedaleó subiendo “hasta La Cumbrecita”, retornando a Villa General Belgrano. Ese recorrido comprendió, entre una localidad y otra, vueltas de 40 kilómetros cada una hasta completar los 200 km.
El día siguiente empezó peor. “Llovió torrencialmente. Hizo mucho frío y algunas sufrieron hipotermia, porque fueron tres horas y media en el agua”, relata.
“También fue muy complicado conducir la bicicleta, con descensos a 65 kilómetros por hora. Te patinabas todo el tiempo”.
El último día se corrieron los 92 kilómetros. “En los últimos 17 km tuve una contractura, pero seguí. En ningún momento pensé que no iba a llegar”. Y lo hizo, en algo más de 13 horas. Fue la jornada más larga, ya que las anteriores le demandaron casi 11 horas.
Campanella finalizó en la cuarta posición de la clasificación, con un tiempo total de 35 horas 12 minutos 18 segundos.
“Busco el límite, pero todavía no lo encuentro”. Por lo que hizo, habrá que creerle.

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