De nada valieron los aportes
Todos los que hoy somos grandes fuimos alguna vez jóvenes. Y por haber sido jóvenes creímos. Sí, creímos en las promesas que nos hicieron de que aportando a la jubilación cuando llegáramos a la edad de tener que retirarnos de la actividad, tendríamos una suma de dinero todos los meses que nos permitiría vivir sin sobresaltos.

Jueves 18 de Febrero de 2010

Todos los que hoy somos grandes fuimos alguna vez jóvenes. Y por haber sido jóvenes creímos. Sí, creímos en las promesas que nos hicieron de que aportando a la jubilación cuando llegáramos a la edad de tener que retirarnos de la actividad, tendríamos una suma de dinero todos los meses que nos permitiría vivir sin sobresaltos. Yo aporté religiosamente durante 26 años, hasta que me quedé sin trabajo. Después tuve que suspender mis pagos porque en este país un hombre de 50 años se convierte en viejo y descartable. Esto repercutió en los beneficios porque cambiaron las normas jubilatorias y se atenían sólo a lo aportado durante los últimos 10 años y no por lo aportado en los 26. En fin, las promesas se las había llevado el viento. Digo esto porque nadie hizo nada al respecto. Ni antes ni después. En esta situación en la que estamos muchos nadie hizo nada por sacarnos del pozo financiero en que nos metió esa nueva legislación. Yo estoy jubilado con la mínima y cobro igual que muchos que no aportaron nunca un peso en su vida, pero tengo aportes que de nada me valieron a la hora de la aplicación de las nuevas normas. En una palabra: me mintieron a mí ya todos los que están en estas condiciones. Yo les preguntaría a aquellos que ganan 800 pesos por día cómo harían para que esa suma les alcance para vivir un mes. En fin, la vejez tendría que encontrarnos gozando de paz y alegría, porque nos ganamos ese derecho. Sin embargo, en los ojos de algunos jubilados se refleja la impotencia de no poder cumplir ese anhelo. Entonces, nos invade la desazón y la tristeza. Ojalá alguien con poder de decisión se digne a pensar que ese hombre de rostro arrugado y triste, que alguna vez creyó en las promesas de quienes manejaron el país, se merece más respeto y no una magra jubilación de 800 pesos.

Héctor Tovo,

LE 5.994.552