De la primitiva plaza Montenegro
Tenía entendido que marcar territorio con orina era en este siglo una costumbre privativa de machos de gran cantidad de especies animales. Veo que estoy en un error tremendo.

Martes 10 de Noviembre de 2009

Tenía entendido que marcar territorio con orina era en este siglo una costumbre privativa de machos de gran cantidad de especies animales. Veo que estoy en un error tremendo. Plaza Montenegro, paseo del cual vivo enfrente, parece ser terreno de disputa de varias manadas de humanos primitivos que insisten en aliviar las necesidades de su vejiga en columnas, canteros, postes, árboles y cuanta cosa ofrezca cierto soporte para este acto. Tras la sorpresa inicial, evito quedarme parada en estado de quietud, por las dudas… Lo maravilloso es que el advenimiento del calor ofrece al olfato de los transeúntes la sumatoria de todos los depósitos de orina, originados por donantes provenientes de la feria de artesanos de la plaza, apostadores del club hípico lindero y pensionistas más o menos permanentes (carta aparte merecen estos últimos, cuyo número ha crecido considerablemente). Imagine el lector cuán intenso es el aroma mencionado. Y ni hablar del grato momento vivido al pasar diariamente con una hija pequeña y presenciar el acto de rociado de los sectores. Sublime. Propongo que sumemos este lugar a los itinerarios turísticos (hay 3 hoteles vecinos que lo tienen incluido en sus paquetes en forma gratuita), para enorgullecernos de que Rosario, en pleno centro, ofrece pruebas de vida pre homo sapiens que pueden hacer la delicia de grupos de antropólogos. Luego organizamos una conferencia en el centro Cultural Bernardino Rivadavia.

María Fernanda Trebol, mftrebol@hotmail.com