De autos y conductores en Rosario
El día viernes 24 de septiembre a la noche me desplazaba en un taxi, que abordé por medio de un llamado previo desde mi domicilio para más seguridad. A pocas cuadras de finalizar el viaje, más precisamente en Salta y Balcarce, es donde casi no llego a destino.

Jueves 30 de Septiembre de 2010

El día viernes 24 de septiembre a la noche me desplazaba en un taxi, que abordé por medio de un llamado previo desde mi domicilio para más seguridad. A pocas cuadras de finalizar el viaje, más precisamente en Salta y Balcarce, es donde casi no llego a destino. Nosotros veníamos por Salta y al llegar a Balcarce (teníamos la derecha), un vehículo particular intentó trasponer la bocacalle. Frenó en medio de la esquina y por ende nos quedamos a centímetros de colisionar. El taxista, quien se mostró seguro, me dijo: "¿Te asustaste?, a lo cual respondí que no por el sólo hecho de que también manejo y estoy alerta a los peligros de la calle. Voy a decir varias cosas al respecto: Entendí que no siempre "son los taxistas" como muchas veces se cree. Nos la pasamos autoconvenciéndonos de que las motos, las bicicletas, los taxis, los otros... No, en la calle somos todos los culpables; todos, sin importar que es lo que estemos conduciendo, porque la imprudencia está en las personas y no en los vehículos manejados ni en sus categorías. También sé que pedir un móvil desde casa para mayor seguridad no me sirve de nada porque me encuentro a un desaprensivo conductor como este y casi me accidento. Para modificar, al menos desde nuestro lugar, este caos que representa la calle, hay que empezar por ser más autocríticos. Y, además, uno piensa pocas veces en que los vehículos del transporte público transportan personas que no tienen por qué estar en el medio de una cosa como estas. Mientras escribo estas líneas también me doy cuenta de que el caos que uno soporta cuando va o viene del trabajo, del súper, son sólo minutos al lado de horas y horas de manejo con todo lo que ello implica. Y me abstraigo de los problemas que ya sabemos, tales como frecuencias, fallas y faltas de toda clase del servicio público de pasajeros que no son el fondo de esta cuestión. Voy a un llamado general en donde el dedo que señala siempre al otro debe empezar a señalarnos a nosotros mismos y hacer cada uno lo mejor posible para convivir en esta Rosario cada vez más motorizada que tenemos.

Jorgelina Colella,

jorsol85@hotmail.com