Martes 23 de Agosto de 2011
Soy comerciante desde hace 20 años, contribuyente ejemplar comprobable. Días atrás tuve que hacer un trámite municipal para obtener el permiso de publicidad para poder exhibir el nombre de mi negocio pintado en un vidrio, de no más de 50 centímetros de lado. Si bien para este trámite, en situaciones normales y sin mediar ningún contratiempo, uno debe pasar por nueve diferentes oficinas (sí, leyó bien, nueve), en mi caso, al haber surgido complicaciones ajenas a mí, como por ejemplo una multa de tránsito de ocho años atrás que había estado pagada en término, que los datos catastrales y los de mi cuenta no coincidieran en la misma dirección postal, aún después de 20 años de estar tributando y recibiendo las boletas para tal fin en el citado domicilio, que a la empleada del banco se le traspapelara un sellado y por eso tener que volver a buscar el formulario, volver a hacer la cola y volver a pagar, y otras complicaciones que surgieron del bendito sistema informático; en mi caso, repito, fui atendida por más de 20 empleados diferentes. Pero parece que aún así no alcanzaron: a pesar de haber cumplimentado todos los requisitos, de haber pagado todos los sellados, y por todo ello de habérsele dado curso al trámite, y aún después de haber estado el mismo aprobado por el inspector que pasó por mi domicilio, al momento de ir a retirar el permiso, se me informa de que falta todavía otro papel (que ya había sido presentado), y por supuesto, no obtuve la habilitación de mi modesto cartelito. Para ese entonces yo ya había perdido un mes de tiempo, tres mañanas de tener que dejar de trabajar, los costos del trámite y mi paciencia. Por el lado de las ganancias, sólo un pico de hipertensión. Los que tengan mi edad, recordarán aquel sketch memorable en donde el pobre Joe Rígoli pretendía plantar un arbolito. Aquélla era una situación cómica para satirizar la burocracia de aquel entonces. Esta, con todos los adelantos (¿?) del momento y la Municipalidad totalmente informatizada es una situación casi trágica. Así es que para hacer un trámite en las oficinas municipales del Distrito Centro hay que pasar por una tortura burocrática o bien una tortura informática, a pesar de ser en ocasiones más numerosos los empleados que el público.
Patricia Santos / DNI. 11.100.898