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Daniel Hendler: "Quería salir de la vidriera"

Del día después de "Graduados" al estreno de "Vino para robar". "Necesitaba salir un poco de la vidriera de la tele", dijo el actor que encabeza el reparto junto con Valeria Bertuccelli.

Domingo 28 de Julio de 2013

Para Daniel Hendler, "el éxito y el fracaso siempre tienen que ver con lo humano". Desde ese lugar, el actor que protagoniza la película "Vino para robar" analiza su carrera como actor, cuando todavía resuena el éxito de "Graduados", con su incomparable personaje de Godzer. "Necesitaba salir un poco de la vidriera de la tele", le dijo a Escenario el intérprete que encabeza el reparto junto con la actriz Valeria Bertuccelli en el filme de Ariel Winograd que se estrena el próximo jueves.

El actor, que se hizo popularmente conocido con una publicidad televisiva en la que daba vida a Walter, un personaje que se quedó anclado en los 80, dijo que nunca consideró que ese rol haya sido "un punto de giro" en su carrera.

—¿En "Vino para robar" tu personaje roba por pasión?

—Más que por pasión es su medio de vida. Y hay una conducta cercana al coleccionismo, no tanto por su fetichismo por los objetos, sino como metas personales que el tipo se propone. Es riguroso de la técnica, un meticuloso de diseñar planes y encontrar fisuras en el sistema para poder tomar un partido. Pero en realidad todo esto es en el contexto de una película de género, y que está supeditada completamente al género, a la acción y al policial.

—¿Qué te atrae del cine de Ariel Winograd, con quién ya habías trabajado precisamente en su anterior película, "Mi primera boda"?

—Me costaría reconocer la idea de un cine específico de Ariel, lo interesante justamente en él creo que son los cambios abruptos, los giros que da entre proyecto y proyecto. Es movedizo en todo sentido, también en los géneros y el tipo de narrativa que va visitando. En realidad te planteás el desafío desde la diversión y eso es muy motivante porque es un tipo que contagia alegría para trabajar, que arma muy buenos climas de trabajo, que arma grupos de actores y técnicos que se copan con la experiencia, y en este caso en particular con un elenco especialmente atinado e interesante: con Valeria Bertuccelli, con quien tenía muchas ganas de trabajar, Leyrado, Piroyanski, Rago, Alan Sabbagh, la verdad que todo es un lujo.

—¿Con Bertuccelli manejás la misma frecuencia de comediante?

—Sí, no sé si es la misma, pero en realidad conectamos bien. Uno, más que manejar una frecuencia de humor, es como una paleta de colores y vas eligiendo qué colores combinar con el otro. La frecuencia parece ser algo demasiado unívoco, pero nos fue muy fácil conectar, ponernos de acuerdo en ciertas ideas con el vínculo de los personajes. Ella aportó mucho, no sólo a su rol, sino a darle un espesor a estos personajes, junto con Ariel y yo, que se termina convirtiendo también en una de las subtramas principales, digamos, ese vínculo amoroso que se va generando.

—¿Sentiste puntos de contacto con Sebastián, tu personaje, por esa meticulosidad que me nombrabas, o aportaste algo totalmente nuevo para construir a este ladrón tan particular?

—Siempre hay un poco de todo. Viste que en lo humano es muy difícil no encontrar identificación o similitudes. Es muy fácil poner a dos personas cualquiera y encontrar puntos en común, por más distintas que sean. Cuando hay un personaje escrito el primer ejercicio es buscar los puntos en común o los que te alejan, pero siempre se establecen estas conexiones. El personaje en papel es un personaje que no está vivo, que se completa con el trabajo del director y el actor, que empiezan como a llenarlo, primero le ponen un cuerpo a disposición, que es el cuerpo de uno, que ya trae un montón de historia, un sistema nervioso concreto, que funciona con cierta organicidad, y en ese encuentro ya se establecen esos puentes. Ahora, en concreto con este personaje, en lo meticuloso puede ser, que este haya sido uno de los puntos en los que pude encontrar algunas resonancias en mí. Es un tipo que previene mucho, que antes de andar con el proyecto hace una exploración de campo, y por ahí en mis años de estudios de arquitectura, de cómo hacer un proyecto, el anteproyecto y una realización, eso se cuela en alguna cosa.

—¿Cuál es la lógica que siguen los personajes de la película?

—Al ser una película tan de género, o de géneros, diría, porque es una comedia policial pero tiene algo de aventuras y algo de romance, son personajes que responden más a la lógica de los códigos del género que a una psicología o algo que pueda conectarse con la psicología de uno. Los géneros, básicamente, van estableciendo una serie de pautas de comportamiento, una serie de códigos de verosímil. Y uno recoge de ese imaginario común esas consignas para elaborar el personaje mucho más que del estudio de la psicología del tipo, ¿me explico?

—El jueves estrenás una película, el viernes pasado estrenaste la obra teatral "Traición" en Buenos Aires, pero este año no aparecés en televisión. ¿Necesitabas un cambio de registro después de un año intenso en "Graduados"?

—Eso no surgió de la necesidad de cambiar de registro sino más bien de la necesidad de meterme en proyectos que me estimulen, sobre todo desde lo humano, que laboralmente sea algo viable y dinámico, interesante, y que me proponga algún tipo de desafío. En este caso, después de un año de tele, es verdad que lo que más ganas me daba era volcarme en un espacio de explorar más la actuación desde otro lado, con otros tiempos, volver a conectarme con otros textos, como el de Harold Pinter, con "Traición", en este caso. Y era más esa necesidad de salir un poco también de la vidriera de la tele. Igual no hay ningún ámbito que esté totalmente exento de la exposición, y de eso se trata también el oficio del actor, pero en teatro está un poco más resguardado y uno invita a la gente a que visite el teatro, no se produce el fenómeno ese de visitar las casas de la gente y meterse en la dinámica de la rutina y de la familia. Es bastante movilizante estar en las casas de la gente.

—¿Qué significó en tu carrera componer a Godzer en "Graduados", más teniendo en cuenta que no sos un actor acostumbrado a tanta exposición?

—No tengo tanta perspectiva como para analizarlo y tampoco en términos de carrera, porque es muy relativo. Pero para mí fue una experiencia bárbara, fue muy lindo haber mantenido cierta cordura y disfrute hasta el último capítulo, quizá llegamos con el último halo de oxígeno porque es muy intenso el trabajo en una tira diaria, pero haber logrado divertirnos hasta la última escena es producto de un proyecto que estaba muy cuidado y de un equipo y elenco que conectamos muy bien, y eso es siempre lo principal. El éxito y el fracaso tienen que ver siempre con lo humano, con lo que se genera a nivel humano mas allá de si acompañan o no los números del rating, pero siempre el éxito o el fracaso, en términos de crecimiento, tienen que ver cuando uno encuentra un lugar donde movilizar zonas personales, sentir que uno está aportando algo, y que en el encuentro con los otros hay una química y una retroalimentación. Que haya pasado eso a "Graduados", siendo un proyecto tan exitoso, lo convierte en una experiencia privilegiada, porque podría haber sido un éxito siendo un programa de porquería o un gran programa sin que nadie lo vea, que suele pasar, pero que sean las dos cosas es una suerte.

—¿Cómo ves a la distancia al personaje retro de Walter, de una publicidad de una compañía telefónica, que te hizo conocido a nivel masivo?

—Yo no me veo mucho, la verdad, eso le toca más al otro. Yo ese trabajo no lo sentí como un punto de giro, desde mi primer muestra en la escuela de teatro hasta las obras y las películas que hice antes de la publicidad, cada cosa las viví de la misma manera. Quizá la publicidad la viví más desde un lugar de temor y de protegerme y de no quedar pegado a una publicidad mucho más que de un punto de giro. Pero si vos me preguntás, siento que comparado con esa época (la publicidad se difundió en el 2000) hay cosas en las que he crecido como actor, en otras me veo ahí y digo que no estaba mal lo que hacía, y otras veces pienso que no sé si podría volver a actuarla como en ese momento porque hay cosas que se ganan y otras que se pierden.

Ladrones del mejor malbec

“Vino para robar” es una comedia que gira sobre el Sebastián (Hendler) y Natalia (Bertuccelli), dos ladrones que intentan robar una botella de Malbec de Burdeos del siglo XIX, catalogada como una de las mejores del mundo, y guardada en la bóveda de un banco. Entre bellas locaciones de los viñedos mendocinos, el filme de Winograd explora el “oficio” de robar y lo cruza con el género romántico y de aventuras.

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