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Daniel Guida: "El dólar a 8 es razonable"

Para el economista y docente Daniel Guida el nuevo valor del dólar alrededor de los 8 pesos “es un número bastante razonable”, que “satisface las expectativas de algunos sectores industriales

Domingo 02 de Febrero de 2014

Para el economista y docente Daniel Guida el nuevo valor del dólar alrededor de los 8 pesos “es un número bastante razonable”, que “satisface las expectativas de algunos sectores industriales, economías regionales y exportadores”. El titular de la cátedra de Macroeconomía en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNR consideró que la devaluación se produjo por la combinación de una “presión de sectores que no liquidaban divisas” y un “un cambio en la estrategia del gobierno”.

   Por su lado, apostó a que “haya cordura en el gobierno, los grandes formadores de precios, y también en el sector sindical” y advirtió que “si el dólar oficial se desmadra, se cargaría contra los precios” y se “perjudicaría muchísimo el salario real de los trabajadores”.

   En este escenario, señaló que para atacar la inflación es necesario dejar de lado explicaciones reduccionistas y reconocer una diversidad de “causas monetarias, fiscales, de exceso de demanda, falta de oferta e inversión, y la influencia del mercado de cambio por los componentes importados” que se utilizan en la industria. En diálogo con este diario, Guida analizó las causas e impactos de la devaluación y trazó sus perspectivas para la mitad del año.

   - ¿Cómo evalúa la devaluación de la última semana?

   - El mercado de cambio oficial parecía un poco retraído o fuera de competitividad por la carga de la inflación interna que hubo durante 2013. El nuevo precio de equilibrio del dólar no solo es competitivo en términos externos, sino que satisface las expectativas de algunos sectores industriales, economías regionales, exportadores, aquellos sectores que tienen mayor interés en que el tipo de cambio sea el que equilibre sus cuentas.

   — ¿Cree que el salto en la pauta de devaluación tiene que ver con una presión corporativa o con una iniciativa del gobierno?

   — Es una combinación. Por un lado, venía habiendo una presión importante, por ejemplo, de sectores que no liquidaban divisas. A su vez, hubo un pequeño cambio en la estrategia del gobierno. Hasta acá la política en el mercado de cambio había sido gradual. En este caso (que técnicamente es una depreciación de la moneda y no una devaluación, porque no hay un tipo de cambio fijado) lo dejó librado a las fuerzas del mercado, y el dólar pegó un salto del orden del 16%, 17%. La reacción inmediata en sectores del agro y la industria fue positiva. Sin embargo, algunos, como la Federación Agraria, después se retrotrajeron por intereses políticos.

   — ¿El precio de 8 pesos es un valor razonable?

   — Entiendo que el libre juego de la oferta y la demanda, entre las expectativas de divisas por un lado, y la necesidad de ellas por el otro, fueron dando un punto de equilibrio. Habría que ver a cada sector qué número le cierra, pero en términos de la macroeconomía es un número bastante razonable. En este aspecto, esperemos que dure. La economía no puede estar permanentemente ajustando su tipo de cambio, máxime cuando en Argentina la matriz de producción tiene tantos componentes importados. Si el dólar oficial se desmadra, se cargaría contra los precios y perjudicaría muchísimo el salario real de los trabajadores.

   - Precisamente, en Argentina las devaluaciones a lo largo de la historia han ido acompañadas de subas de precios, ¿cuál es la perspectiva en este caso?

   - Tengo esperanza en que haya cordura, en el gobierno, en los grandes formadores de precios, y también en el sector sindical, y que se respeten acuerdos que benefician al conjunto de la población. Por supuesto, toda puja distributiva apunta a cuidar sus intereses. Pero a veces superamos la defensa de los intereses y pasamos a situaciones especulativas, de abuso. Sería torpe si hoy un economista soslaya la concentración económica, las expectativas, la inestabilidad política que generan ciertos sectores. No veo más condiciones objetivas que antes para que se genere una espiral inflacionaria. Ahora, hay que reconocer que tenemos un proceso de crecimiento de los precios, de desajuste de los equilibrios internos, de los precios relativos. Hay que comenzar a tener políticas serias para atacar la inflación, que es un problema que perjudica a todos.

   - ¿Cuáles serían medidas concretas en este sentido?

   - Cualquier economista que quiera analizar la inflación con alguna de las antiguas teorías exclusivas, se equivoca. Es muy torpe decir que la cuestión pasa por una gran oferta monetaria o el déficit fiscal. Eso ayuda, soplan las brasas de la inflación, pero no son las únicas razones. Hay que reconocer causas monetarias, fiscales, de exceso de demanda, falta de oferta, falta de inversión productiva, baja productividad de algunos sectores que impide producir bienes y servicios al ritmo de la demanda, la influencia del mercado de cambio por los componentes importados. El martes, el gobierno tomó una medida monetaria interesante: produjo una absorción de pesos muy importante, introdujo letras, con tasas de interés interesante. Eso va a ir restando presión monetaria. Sería interesantísimo rever los esquemas de subsidios. En las cadenas de valor, revisar cuáles son las que necesitan un sostenimiento para crecer en inversión. Son las medidas que se deberían ir tomando, para que se restablezca el equilibrio macroeconómico con crecimiento y manteniendo la idea de inclusión social que es la base filosófica del pensamiento del gobierno.

   - ¿Cuáles son las perspectivas para los próximos meses?

   - Vamos a tener que tener los ojos bien abiertos en el primer cuatrimestre del año. Ver qué pasa con el ingreso de divisas, ya que hubo una cosecha muy importante. A su vez, cómo el sector importador va corrigiendo algunos desfasajes, cómo la industria nacional va sustituyendo importaciones. Además, es una necesidad imperiosa la integración continental, especialmente con nuestros socios principales de América Latina. Hay que buscar un frente regional común para frenar los ataques externos, visibles en Brasil, México y Argentina. Y, a su vez, mejorar cuestiones comerciales: necesitamos llegar a más de cien mil millones de dólares de exportaciones, sostener un nivel de ingreso de cuenta corriente de divisas, y por qué no, financiar desde el exterior, con fondos reales, transparentes, las obras importantes que necesita Argentina.

 

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