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Culminó sin veredicto el juicio por el crimen que sacudió el poder en China

Pekín. — El juicio a la esposa del destacado dirigente chino caído en desgracia Bo Xilai, cuya acusación de asesinar a un empresario británico dio lugar al proceso judicial políticamente más...

Viernes 10 de Agosto de 2012

Pekín. — El juicio a la esposa del destacado dirigente chino caído en desgracia Bo Xilai, cuya acusación de asesinar a un empresario británico dio lugar al proceso judicial políticamente más delicado de los últimos 30 años en el país asiático, se inició y concluyó ayer mismo sin que se pronunciara un veredicto. La sentencia que se aplicará a Gu Kalai, una prestigiosa abogada de 53 años, será anunciada más adelante. El proceso había empezado unas horas antes de su abrupta finalización en medio de fuertes medidas de seguridad en la ciudad de Hefei, en el este de China. Gu Kailai está acusada junto con su empleado doméstico Zhang Xiaojun de haber envenenado con cianuro en noviembre pasado al británico Neil Heywood, de 41 años, socio en negocios de la familia, en un cuarto de hotel de Chongqing, la megápolis china de la que era alcalde su marido.

Los fiscales sostienen que fue la propia Gu quien puso el veneno al inglés después de haberlo emborrachado. Gu y su marido tenían una estrecha relación con Heywood, que se enturbió por desacuerdos financieros.

El caso se convirtió en uno de los más sonados escándalos en China y selló el destino de Bo Xilai, cuestionado ya por sus métodos autoritarios, sus tentativas de resucitar usos y costumbres de la época maoísta y algunos turbios manejos financieros. Bo, de 62 años y miembro de una poderosa familia que hasta entonces era una estrella en ascenso en el Partido Comunista chino (PCCh), fue apartado en marzo de la presidencia del partido en la región de Chongqing. El 11 de abril, el mismo día en que su esposa era detenida bajo sospecha de asesinato, perdió su puesto en el buró político del partido. Hasta ese momento, era considerado como uno de los potenciales integrantes de la nueva camada que próximamente ocupará los puestos más importantes del gobierno nacional. Bo es hijo de un veterano revolucionario. S, su abierta búsqueda de un cargo en la cúpula nacional y sus campañas para promover la cultura comunista reavivaron recuerdos de la caótica Revolución Cultural y molestaron a muchos líderes del partido. El dirigente, que no fue relacionado con el asesinato, está en las manos de la comisión de disciplina interna del PCCh, acusado vagamente de irregularidades, y se espera un comunicado sobre su situación.

El juicio es visto por muchos como un intento de las autoridades del país asiático de poner fin a un escándalo político que salpicó al PCCh y que no pocos chinos consideran una campaña contra el otrora ascendente Bo Xilai. Debido a eso se esperaba un juicio corto que pusiera un rápido fin a un caso que desnudó divisiones en la cúpula china, justo cuando el partido se prepara para traspasar el poder a una nueva generación de líderes en un proceso que se hace una vez cada 10 años. La breve sesión judicial se celebró a puertas cerradas, pero se permitió la presencia de dos representantes de la embajada británica, un acontecimiento notable ya que las autoridades chinas suelen impedir la presencia de extranjeros en los tribunales.

Según las investigaciones, Gu Kailai y su hijo Bo Guagua, un joven de 24 años que acaba de graduarse en la Universidad de Harvard, estaban enfrentados por conflictos de negocios con el británico. La agencia Xinhua precisó que la acusada tuvo una disputa con Heywood por dinero y que el empresario británico amenazó al hijo de la pareja.

Gu Kailai podría ser teóricamente condenada a muerte, aunque analistas consideran improbable que se le aplique la pena capital. No obstante, su suerte y la de su marido dependen íntimamente de la lucha actual en la cúpula del régimen, a escasos meses del 18º congreso comunista, que marcará el relevo de la cúpula dirigente.

El juicio está considerado como el proceso más sensacional en China desde la condena a la Banda de los Cuatro por sus excesos durante la Revolución cultural de Mao Zetung, de 1966 a 1976.

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