Jueves 19 de Enero de 2012
La lectura del artículo publicado por La Capital el día 12 del corriente mes sobre Rafaela y "la imagen que llora" (tipo de fenómeno ya ocurrido en diversas oportunidades, lugares y tiempos), despertó en mí las siguientes reflexiones. Lamentablemente las personas, en general, tienden a relacionar toda manifestación o hecho sobrenatural, con el poder de Dios, ignorando que existe otro poder paralelo claramente denunciado en las Sagradas Escrituras y sobre el cual se nos advierte a fin de poder discernir al respecto. En primer lugar cabe decir que Dios, en su palabra, no sólo prohibe el venerar imágenes sino que prohibe hacerlas (Ex. 20:4,5) por lo tanto nunca le hallaremos a El obrando a través de una estatua de yeso, madera, oro o lo que sea. El Salmo 115 (3 - 8) de la Biblia es una de las porciones donde podemos leer al respecto. También se nos avisa que Satanás se viste de ángel de luz para engañar a las personas con todo tipo de artimañas a fin de alejarlas del Dios verdadero encarnado en Jesucristo. Un ejemplo del obrar engañoso del gran imitador lo encontramos en el Libro del Éxodo (capítulo 7), donde se nos cuenta que a cada señal milagrosa que frente a Faraón hacían Moisés y Aarón (representando el poder de Dios), los hechiceros de la corte (representando el poder satánico) también hacían el mismo milagro. Así cuando Aarón echa su vara y esta se transforma en una culebra, inmediatamente los hechiceros egipcios hicieron lo mismo con sus varas, apareciendo varias culebras, más la vara de Aarón devoró las varas de ellos, lo cual por cierto marcó la diferencia. Y así sucedió con todas las señales que trajeron las famosas 7 plagas de Egipto. Tengamos cuidado con este tipo de fenómenos cuya explicación debe ser buscada por los creyentes, en las Sagradas Escrituras, donde se nos advierte que no nos dejemos engañar, dado que Satanás también puede hacer grandes milagros y prodigios que engañarán a muchos, puede "sanar", "prosperar", "conceder pedidos" (así entre comillas) pero después pasa su abultada factura la cual puede involucrar nada más ni nada menos que el alma de aquellos que por desconocimiento cayeron en su red. Alguien dijo que no hay nada más parecido a un dólar verdadero que un dólar falso, por lo tanto como bien dice el sabio refrán "no todo lo que brilla es oro".
Raquel Pierri,
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