Domingo 19 de Diciembre de 2010
Ser prejuicioso significa emitir un juicio antes de tener una información completa sobre el objeto o tema. Nuestro pequeño mundo está lleno de prejuicios. De memoria podemos citar unos cuantos que hemos oído alguna vez: "cordobés falluto", "tucumano ladrón", "santiagueño mentiroso", "correntino traicionero", "indio salvaje", "negro hediondo", "colla ignorante", "mulata pretenciosa", "inglés hipócrita", "francés sucio", "alemán duro", "criollo haragán". Recuerdo que hace unos años se oía mucho aquí que "todos los carteristas son chilenos", y yo pude comprobar que del otro lado de la cordillera muchos decían que "todos los punguistas son argentinos". Es común que por un solo caso se generalice a todos, y si en Barcelona me arrebataron la cartera yo diga al volver "los españoles son unos ladrones", además de que los policías españoles, cuando hice la denuncia, me preguntaban si el delincuente tenía rasgos africanos o árabes, porque estaban convencidos de que "los árabes son ladrones". O sea que el episodio particular puede ser verdad, pero es mentira que todos los individuos de ese grupo tengan el mismo defecto. Los prejuicios son afirmaciones mentirosas a pesar de que puedan tener una base verdadera. Las generalizaciones son mentirosas, y sobre la base de afirmaciones falsas no se puede vivir en paz con el prójimo. Los prejuicios siembran cizaña, provocan conflictos y han estado en la base de muchas guerras. (Toda vinculación con declaraciones de Mauricio Macri es puramente casual y no ha estado en mi ánimo promoverla).
Héctor Bonaparte