Cuatro ladrones armados y actuando en forma sincronizada robaron 80 mil pesos en efectivo de un frigorífico de Zavalla tras reducir bajo amenazas a los propietarios del establecimiento y a varios empleados. El hecho ocurrió el viernes pasado, aunque recién fue dado a conocer ayer, y repitió gran parte de la mecánica de un atraco similar que la empresa sufrió el 26 de agosto de 2004, aunque entonces el botín sólo fue de 7 mil pesos (ver aparte). Ayer, fuentes de la investigación confiaron que tres detalles emparentan a ambos hechos: en los dos casos participaron cuatro asaltantes; los intrusos demostraron tener conocimiento del manejo de la empresa; y arribaron cuando la mayoría de los empleados se habían marchado.
El frigorífico Nutricer pertenece a la familia Saita y está situado en el kilómetro 834 de la ruta nacional 33, a unos 200 metros de la zona urbana de Zavalla y a unos 22 kilómetros al oeste de Rosario. Allí, a las 14.30 del viernes, los trabajadores que elaboran chacinados y embutidos en la parte posterior de la planta se habían retirado tras concluir su jornada laboral. Solamente estaba abierto el local de atención al público ubicado en la parte delantera del predio. En dos oficinas contiguas, en tanto, ocho empleados y los dueños del establecimiento, Susana Beatriz Llovet y su hijo, Germán Saita, de 41 años, apuraban los trámites administrativos de rigor.
Uno a uno. Los cuatro malhechores aparecieron en forma escalonada. "Un empleado salía por la puerta del local comercial cuando uno de los ladrones lo redujo y lo obligó a reingresar", explicó ayer a La Capital Germán Saita. Detrás del maleante entraron otros dos cómplices y finalmente irrumpió en el local de atención al público el cuarto malhechor.
En escasos segundos, los propietarios y los empleados del frigorífico además de un cliente ocasional quedaron boquiabiertos cuando distinguieron a los intrusos en las dos oficinas. "Esto es un asalto", voceó uno de los recién llegados mientras exhibía una pistola. Enseguida todos los presentes fueron controlados. "Nos ataron las manos y los pies con precintos plásticos que uno de los ladrones llevaba en una bolsa", explicó el comerciante. En el paso siguiente, las personas asaltadas fueron obligadas a arrojarse al suelo y, desde esa posición, contemplaron cómo los intrépidos continuaban con la tarea delictiva.
Sin obstáculos a la vista, los intrusos juntaron 80 mil pesos en efectivo que sacaron de la caja del local de atención al público y de un cajón de la oficina además de cheques por un monto no precisado. No conformes con ello desplumaron a sus víctimas. Así, billeteras, teléfonos celulares y algunas alhajas fueron a parar a manos de los asaltantes. "Además del dinero se llevaron todo lo que pudieron como una computadora, cadenitas y pulseritas de oro", recordó.
Cuando habían transcurrido 15 minutos de su arribo, los intrusos se marcharon. Se subieron a un Fiat Duna de color blanco que los esperaba al mando de otro ladrón y salieron disparados por la ruta 33 en dirección a Pujato. El escape fue advertido por un trabajador que lavaba un camión de la firma. "El empleado alcanzó a ver el número de la patente, un dato que le dímos a la policía", comentó Saita. En medio del escape, los ladrones tropezaron con la llegada de otro cliente y eso los hizo dudar un segundo. "Cuando los tipos lo vieron quisieron ingresar de nuevo al local pero el hombre no los dejó entrar", comentó el comerciante.
Datos precisos. Poco después uno de los empleados logró zafar de las ataduras y liberó de los precintos a las otras víctimas. Tras ello, Germán Saita intentó contactarse con la comisaría 31ª de Zavalla para denunciar lo ocurrido pero no pudo hacerlo porque el teléfono estaba ocupado. Entonces recorrió las cinco cuadras que lo separaban de la seccional y, un rato después, se subió a un patrullero con el cual salieron tras los pasos de los ladrones, aunque no pudieron localizarlos.
Saita está convencido de que los intrusos contaban con información acerca de los movimientos de la empresa por dos cuestiones. "Entraron después de que llegó el último camión de reparto con dinero y el robo fue el viernes, que es el día en que los empleados de la planta se van más temprano", especuló.
Otro detalle que distinguió al suceso es que uno de los maleantes vestía ropa de trabajo. "Tenía una camisa azul tipo ombú, un pantalón del mismo color, borcegos negros y un casco amarillo. Precisamente este maleante se llevó un maletín de la firma con el efectivo. Sus tres socios estaban ataviados con camperas, gorras y cubrían los rostros con bufandas", recordó el empresario. Y manifestó que todos esos movimientos quedaron registrados por las cámaras de video instaladas en las oficinas del frigorífico.
Hace 7 años un robo calcado
Poco después de las 15 del 26 de agosto de 2004, como el viernes, cuatro hombres llegaron al frigorífico Nutricer cuando todos los operarios se habían marchado. Solamente estaban la dueña de la empresa y un empleado, quienes quedaron a merced de los maleantes al igual que tres albañiles que trabajaban en el frente de la planta. Todos terminaron encerrados y maniatados y se resignaron a ver cómo los ladrones desaparecían con 7 mil pesos en efectivo y 3 mil en tickets y cheques.
Todo empezó cuando un hombre vestido con prendas de una empresa de seguridad privada llegó a la planta en bicicleta y simulando ser cliente. Pero una vez que accedió a las oficinas desenfundó un arma de fuego e inmovilizó a la dueña del frigorífico y al empleado que la acompañaba. Enseguida un segundo ladrón apareció en escena, también en bicicleta, y bajo amenazas con una pistola redujo a tres albañiles que trabajaban en el frente de la planta. Con la situación controlada aparecieron otros dos cómplices que fueron directamente a buscar el dinero de la caja para dar por terminado el robo.