Domingo 19 de Julio de 2009
"Ese día pensé que me moría". El martes 14 de mayo de 1996 el ahora comisario Fernando Arco, a cargo de la seccional 15ª, tuvo un enfrentamiento a tiros con Alejandro Arturo Carau Quevedo y resultó baleado. "Fue la única vez que me hirieron de bala", rememoró el oficial en diálogo con LaCapital. En aquel enfrentamiento, ocurrido en Avellaneda al 2800, murió Enrique Muñoz, de 35 años y compinche de Carau, y resultó herida la pareja de éste, Stella Marís Avalle. "No sabía con quién me estaba enfrentando y una vez que terminó la balacera jamás me preocupé por saber qué había sido de la vida de ese hombre", explicó Arco.
Aquel día, el oficial Arco junto al cabo Agüero patrullaban por bulevar Avellaneda de sur a norte un una camioneta del Cuerpo Guardia de Infantería. Arco había ingresado a la policía en 1983 como suboficial. Luego pasó a la Escuela de Cadetes y se graduó como oficial en 1991. Tenía una hija pequeña que había cumplido años tres días antes del hecho. Arco recordó al detalle el incidente que un testigo presencial calificó en la crónica que este diario público entonces como "un pequeño infierno".
"Vimos que nos pasó por la mano contraria una moto tipo enduro con dos hombres con sus caras cubiertas con pasamontañas. Estaba fresco, pero era mediodía y no era para tanto abrigo. Así que dimos la vuelta y los seguimos para identificarlos", rememoró. "Al cambiar de mano los perdimos. Seguimos por Avellaneda y al pasar Rueda, observamos que uno de los que iban en la moto estaba en la puerta de una casa", indicó el oficial. Ese hombre era Carau Quevedo. "Al otro que iba en la moto no lo vimos ahí", relató Arco. Los vigilantes detuvieron la marcha. Arco se bajó y fue hacia Quevedo para identificarlo.
Sin palabras. "Le pedí que se acercara y fue ahí que él, que estaba de espalda, giró y empezó a dispararme", recordó Arco. "Lo único que alcancé a hacer fue ponerme de perfil para no recibir ningún impacto de lleno, porque él tenía un revólver calibre 38 largo y todo pasó a menos de cinco metros de distancia", describió.
"El primer impacto lo recibí en el muslo derecho. Alcancé a sacar mi pistola reglamentaria y sentí el segundo disparo, que me entró por la espalda, a la altura del omóplato, y me salió a la altura del hombro. Ese proyectil entró cruzado y cuando sentí el ardor pensé: «Chau, no la cuento más»", recordó Arco. "Los impactos me aturdieron. No sentía dolor, pero si el ardor, como que algo me quemaba. El dolor te viene después. Me preocupé cuando después de sentir el impacto vi como se me levantaba un jirón del uniforme en el pecho. Ahí pensé que me moría", recordó.
Todo duró menos de cinco minutos, pero para Arco "fue una eternidad". Tras herirlo, Carau aprovechó que Muñoz, su cómplice, empezó a disparar contra los policías desde otro ángulo. El cabo Agüero quedó envuelto en un forcejeo con Avalle, que era pareja de Muñoz. "Muñoz disparaba escondido detrás de un rastrojero. Yo alcancé a llegar al móvil y pedí refuerzos, porque sentía que si se nos acaban las balas, estos tipos nos mataban. No les importaba nada", indicó. "En un momento quedé en un enfrentamiento mano a mano con Muñoz. Cambié el cargador de mi arma y aproveché un mal movimiento que él hizo: plum, plum y todo terminó", relató Arco. Muñoz recibió tres impactos mortales.
"Cuando me enteré que lo habían agarrado (a Carau), lo primero que pensé es que es uno de esos tipos que tienen que estar preso siempre. Mirá los antecedentes, ahora es narcotraficante. Tiene que estar preso", reflexionó el jefe de la 15ª.