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Cuando Santa Fe tuvo una Constitución de avanzada

Los constitucionalistas Oscar Blando y Oscar Defante retoman estos debates en el libro "La Constitución de 1921. La verdadera Constitución progresista de Santa Fe".

Domingo 27 de Abril de 2014

La Constitución de Santa Fe de 1921 es considerada una Carta Magna progresista por lo novedoso de su texto, que incluía la separación de la Iglesia del Estado, los derechos laborales, un régimen tributario progresivo, la autonomía municipal, el voto femenino y hasta la división de los latifundios y la entrega de tierras a los colonos.

Los constitucionalistas Oscar Blando y Oscar Defante retoman estos debates en el libro "La Constitución de 1921. La verdadera Constitución progresista de Santa Fe", obra con la que procuran sumar al debate de la reforma de la Carta Magna en la provincia.

"Esta Constitución es considerada progresista dentro de lo que se llamó el constitucionalismo social, ya que por esos años Santa Fe impuso una serie de reformas novedosas y, para algunos, revolucionarias para el país. Una de ellas fue el tema de la neutralidad religiosa, la separación de la Iglesia del Estado, proponiendo un Estado laico, motivo por el cual no fue puesta en vigencia. Además, los derechos sociales, que tienen que ver con el régimen tributario progresivo y con el régimen de trabajo, esboza una reforma agraria al proponer dividir los latifundios, entregárselos a los colonos a pagar en cuotas", indicó Blando.

Para Defante no queda ninguna duda de que "el enemigo principal fue la Iglesia" Católica, y recordó que las crónicas de esa época de los diarios LaCapital y El Litoral "apuntaban al obispo Boneo". Además, queda claro que "se discutía poder, y hubo sectores que no estaban interesados en dar ese debate".

En comparación con otras constituciones, como la del 49 o la actual, del 84, Blando sostuvo en cuanto a los derechos consagrados que la Constitución del 21 que "fueron adelantos de esos derechos, pero no solo el orden social, sino también los que tienen que ver con la política, como la autonomía municipal que consagra esta Constitución, y también incluye el voto femenino y la posibilidad de que las mujeres sean electas en cargos locales".

En ese sentido, Defante consideró esta cuestión como "el tema de fondo", y explicó que se trata de "un tema que sigue siendo no resuelto" en la política santafesina, y se aventuró a pensar cómo habrían sido esos municipios de haber podido decidir sus cartas orgánicas y manejar sus propios fondos.

Blando agregó que "el tema de la autonomía no es un problema legal, es un problema político; la autonomía significa descentralización, que centralidad política tiene que reconocer poderes y, entre otros, los poderes financieros de recursos. Por lo tanto, en 1921 o 1994 o en 2014 este sigue siendo un problema, porque hay muchos que hablan de la autonomía municipal pero no están dispuestos a ceder poder. Lo mismo con algunas cosas de la vieja política, porque esa Constitución reconocía los derechos electorales de las minorías dentro de los cuerpos colegiados".

Idas y vueltas.Esta Constitución, que fue desconocida por un decreto del entonces gobernador radical Enrique Mosca, va a ser puesta en vigencia en el gobierno del demoprogresista Luciano Molinas, en 1932, y derogada por la intervención federal a Santa Fe del año 1935.

En esos tres años de vigencia las ciudades de Rosario y Santa Fe, autónomas de acuerdo a esa Constitución, alcanzan a dictar sus cartas orgánicas.

"Esta Constitución, además, establecía las formas semidirectas de representación, referéndum, plebiscito y revocatoria de mandato, que recién va a retomar la Constitución nacional de 1994", remarcó Blando.

En cuanto a los motivos por los cuales Santa Fe no pudo modificar su Constitución en 30 años de democracia, Defante tiene su explicación: "Más allá de que debo admitir que la burocracia santafesina es eficiente, y eso quedó demostrado en las últimas crisis económicas del país, es cierto que todos los ministros de Economía, desde (el actual Angel) Sciara para atrás, siempre pensaron en la caja única, donde todos tienen que venir al pie, mientras que la decentralización municipal en las áreas financieras y administrativas signica que los intendentes tengan su dinero que surja de otra estructura".

"Yo siempre fui reformista", admitió Blanco, quien sostuvo que "la especulación política primó sobre otras cuestiones, porque si hablamos con lealtad todos los sectores políticos admiten la necesidad de la reforma, y sin dudas los aspectos acuciantes, como el tema de seguridad y pobreza puede plasmarse en un debate público sobre cláusulas constitucionales muy importantes. La reforma no tiene que ser pensada para los políticos sino para la sociedad; por qué no podemos preguntarles a las instituciones de la sociedad civil qué reformas incorporaría de aquí a 20 años, y lo pienso desde los sectores minoritarios, como diversidad sexual, medio ambiente, la tierra, el agua como derecho humano fundamental. Por eso, reivindicar esta Constitución del 21 es reivindicar políticas y proyectos de provincia".

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