Cuándo no, el dinero
No es nada nuevo que el título de esta carta siempre tiene vigencia. Una constante que cobra notoriedad y se hace sentir toda vez que involucra a alguien que aparece como notable.

Martes 03 de Diciembre de 2013

No es nada nuevo que el título de esta carta siempre tiene vigencia. Una constante que cobra notoriedad y se hace sentir toda vez que involucra a alguien que aparece como notable. Generalmente, se trata de individuos de actuación pública o simplemente quienes tienen un margen económico harto generoso, lo que les posibilita acceder con comodidad a los servicios esenciales, como en este caso, a la práctica médica. Difícil se hace cuando por el contrario no se cuenta con esa posibilidad. Ahora, de eso se trata. La alta complejidad para los primeros no tiene limitaciones. Una vez más el dinero en su máxima expresión. Tanto tienes, tanto vales, y nunca como ahora la sentencia se hace manifiesta. Pero hete aquí que aparece la otra cara de la moneda: la imposibilidad de acceder sin sofocos a tales prestaciones. Una verdadera incongruencia, la necesidad de salvar la instancia que el imponderable impone. ¿Cómo se resuelve esto? El problema hay que encararlo de cualquier modo. El dinero tiene que aparecer, buscarlo y obtenerlo. Habrá que apelar a la solidaridad del prójimo a través de campañas que concienticen a la población para la imprescindible recaudación económica que permita resolver o, como mínimo, intentar el propósito. Rebela pensar tener que acudir a un expediente dotado de un contrasentido, de algo librado al azar, las expectativas que generan tener que depender de otros en buena medida. No pasará desapercibido para los estamentos del poder que esta situación es insostenible para todo aquel que no posea el soporte económico, de manera tal de estar en condiciones de afrontar la práctica médica, un verdadero contrasentido que emerge del no tener. Para aquel que tenga, no es necesidad practicar una forma de mendicidad para lograr el cometido. No es su problema. En otro orden, aparece como una literal bofetada a la dignidad humana que ciertas prácticas médicas aparezcan reguladas por signo peso. Una verdadera falta de respeto al juramento hipocrático, bien escondido de manera tal que no se haga público su contenido. No pueden, no deben existir corporaciones que lucren con la salud de cierta parte de la población, en desmedro de todo aquel que no puede solventar económicamente, en especial, la alta complejidad. Es público y notorio que el cuerpo colegiado respectivo no controla y, por ende, no regula el accionar de asociados que proceden impúdicamente especulando con la necesidad inevitable de que sea sustentable el obtener beneficios, a los cuales acceden aquellos que por una u otra razón tienen los medios imprescindibles para salvar situaciones de manera cómoda. Cuándo no, el libre albedrío una vez más está presente. Sentido común, conmiseración por favor. Hay niños que necesitan en forma urgente se contemple con seriedad su problématica.

Oscar H. Rodríguez