Domingo 28 de Octubre de 2012
Como vecina de un antro (registrado como salón de fiestas), no deja de alegrarme que por la unión de vecinos de Esperanto Ωque se convirtieron en virtuales inspectores ciudadanosΩ, la Municipalidad ha descubierto su labor de gato, que debería ser controlar irregularidades de los ratones bolicheros, y ha dejado de ser el de Gaturro que es íntimo amigo de ellos. Quienes tenemos cuevas de ratones cercanas a nuestros domicilios, sabemos los padecimientos de tergiversación de rubros, y de bajar la música casualmente (cuando casualmente) viene algún inspector. Sabemos lo que es no dormir o dormir empastillados por salidas alborotadas de los jóvenes que cada vez abusan más de sus derechos, pero olvidan sus deberes. ¿Este caso estaba en la mira de la ciudadanía? ¿qué debemos hacer los otros que tenemos similar problema, encadenarnos a la puerta, o traer lindas gatas que atraigan la atención de los gatos inspectores? No soy hija del rigor, pero considero que ante las faltas están los apercibimientos y ante las reincidencias, las clausuras y ante nueva reincidencia, clausura definitiva. Sin excepciones y sin coronita. Porque, es sabido que "cuando los gatos no están los ratones bailan".
Silvia Buonamico