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Cuando la voluntad de ayudar es más fuerte que poner en riesgo la vida

"Me siento en paz, les devolvimos los hijos a sus padres", fue la conmovedora frase del servidor público Norberto Marquesini. Un bombero de Firmat, de 50 años, describió su dura experiencia vivida durante la tragedia de la explosión de gas en Rosario.

Lunes 19 de Agosto de 2013

Poner en riesgo la propia vida para intentar salvar la de otros es un acto de heroísmo. Y así lo dimensionó la comunidad rosarina al valorar y agradecer el arduo trabajo que realizaron los socorristas que rescataron de entre los escombros las 21 víctimas fatales que ocasionó la devastadora explosión de gas en el edificio de Salta 2141.

Aunque la esperanza de que haya sobrevivientes quedó trunca, se cumplió la misión de encontrar a las personas desaparecidas para ponerle fin al operativo rescate en medio de un clima tan emocionante como doloroso. "Me siento en paz: le devolvimos los hijos a sus padres", fue la frase conmovedora con la que Norberto Marquesini, un bombero de Firmat e integrante del grupo especial de búsqueda y rescate Usar de Santa Fe, describió lo que significó haber sido protagonista de la dura experiencia.

LaCapital conversó con este hombre de 50 años convertido involuntariamente en uno de los principales voceros y referentes de los rescatistas a fin de conocer su historia de vida en primera persona.

Aun no recuperado del desgaste físico que le provocó estar trabajando horas interminables en la zona del desastre, Cachito, como le dicen en Firmat, abre amablemente las puertas de su casa del barrio La Patria para responder la requisitoria periodista mientras comparte unos amargos cebados por su esposa, Emiliana Volpe, con quien, fruto del amor, tuvieron a Francisco, quien con sólo cinco años asegura que será bombero como su padre. Su núcleo familiar también lo integra su otro hijo Pedro, que tiene 8 y vive con su madre en Rosario.

De adolescente.Marchesini ingreso al cuartel de bomberos de Firmat en 1976 siendo un adolescente de 14 años y, desde entonces, sigue haciendo honor a su actividad sin esperar nada a cambio. Es que ama lo que hace desde que se calzó por primera vez el traje de voluntario, para lo cual necesitó la autorización de sus padres porque era menor de edad.

"No fue tan fácil convencerlos, pero siempre supieron que se trataba de una fuerte vocación y me apoyaron", recordó Cachito para luego contar con orgullo que su padre, Amadeo Marquesini, ya fallecido, fue el único cantor de tango que grabó con el Sexteto Mayor, y que su madre, Norma Gutiérrez, una jubilada docente, escribe y hasta le dedicó un poema a los bomberos que está impreso en un mural del cuartel de Firmat.

Y claro Norberto, tiene el suyo en su casa colgado sobre una pared de pasillo junto a una treintena de cuadros con certificados de cursos de capacitación vinculados a su actividad bomberil.

Ese lugar parece inspirarle el mismo apego y satisfacción que mostrar la réplica de una edificación en miniatura que está construyendo, en sus momentos libres, para hacer más didácticos los cursos de capacitación que suele dictar sobre sistemas de ventilación de ambientes para eliminar la humareda provocada por un siniestro.

Bombero, gasista y fotógrafo. "Elegí esta profesión porque siempre sentí la necesidad de ayudar", puntualiza este servidor que, aunque parezca una ironía del destino, es gasista matriculado y también se gana la vida haciendo filmaciones y tomando fotos en encuentros sociales. Para Norberto , quien asegura ser un tipo al que le gusta, mientras puede, quedarse en su casa y disfrutar de su familia, "el bombero nace, no se hace", aunque resaltó la importancia de "capacitarse técnicamente a fin de estar preparado para cualquier contingencia". Cachito, quien tiene la capacidad de conjugar vocación con conocimiento, aseguró que cuando llegó a Rosario no podía creer lo que estaba viendo.

"Al salir de Firmat teníamos información de que se había producido una explosión, pero jamás imaginamos tamaño desastre. Recién tomamos verdadera dimensión de lo que había sucedido cuando perforamos una de las paredes del estacionamiento del supermercado La Gallega y observamos que un edifico entero estaba desplomado", confesó.

Marquesini , como el resto de sus pares, si bien es consciente del peligro que implica ser rescatista y trabajar en situaciones límite, dijo que "lo único que pesaba era encontrar a las personas buscadas para dar una respuesta a la angustia de sus familiares ante la incertidumbre de no saber nada sobre ellos".

"Eso fue lo que más me impactó y me llevo a decir, una vez finalizadas las tareas de rescate, que estaba en paz porque les devolvimos los hijos a sus padres", explicó para luego valorar las muestras de apoyo y de agradecimiento. "Hasta los familiares de las víctimas se acercaban para darnos apoyo cuando ellos necesitaban más contención que nosotros. Nunca voy a olvidar esta tremenda experiencia, pero tampoco lo bien que nos trató Rosario".

Marquesini, quien es segundo jefe en el cuerpo activo de los bomberos de Firmat, participó del rescate de las últimas dos víctimas además de haber hallado, también con el apoyo de perros rastreadores, otras dos cadáveres y un caniche vivo, no oculta su emoción por lo sucedido y admite que "aún no nos cayó la ficha de lo que significó haber estado en esta verdadera catástrofe que sólo puedo ser comparable con el atentado a la Amia".

A Cachito, como al resto de los voluntarios, no le importó tener que resignar su trabajo para tender una mano. Es que para ellos el valor de la solidaridad es más importante que lo material. "Dios siempre provee", es la frase a la que apela Marquesini para explicar que la emergencia siempre está primero pese, a como le ocurrió en este caso, implique no generar ingresos por varios días.

"Tengo el apoyo de Emiliana y toda mi familia", valoró Cachito , pero consideró que la actividad debiera ser rentada tras advertir que "las épocas fueron cambiando y el voluntariado es cada vez menor".

Vocación.No obstante resaltó que "lo vital siempre es la vocación", y renovó su compromiso de seguir trabajando por la comunidad. Marquesini, quien está habilitado a nivel nacional y provincial para ejercer como instructor en materia de normas relacionadas con la actividad y en tareas de emergencia y prevención de incendios, apuesta a seguir capacitándose aunque tenga que privarse o resignar algunas cosas.

Sucede que los bomberos, en nombre de su vocación de servicio, como refiere el poema escrito por su madre, "son los que dejan la comida servida, el reposo reparador de la noche, la fiesta a la que fueron invitados o la reunión familiar", entre otras privaciones, porque ellos son héroes anónimos.

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