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Cuando el inmenso dolor de una pérdida despierta la solidaridad y el compromiso

La historia de una asociación que nació en el seno de una familia de Tablada y esta tarde le alegrará la vida a los chicos de ese barrio para trabajar juntos con un proyecto en común.  

Domingo 24 de Agosto de 2014

Analía Fusari dice que nunca se imaginó al frente de ninguna causa, que en la casa el más soñador era su hijo Gabriel y que, ahora, ella no hace más que seguir sus pasos. Sin embargo, desde que el muchacho no está, la mujer se puso al frente de un grupo de familiares, amigos y vecinos que buscan convertir su memoria en mano extendida. Esta tarde, a partir de las 14, quienes integran la Asociación Civil Gabriel Borda volverán a celebrar la alegría de encontrarse, de trabajar juntos, de estar vivos. Lo harán con un festejo del Día del Niño al cual ya están invitados todos los chicos de barrio Tablada que podrán participar de una gran kermese, como las de antes, en la cuadra de Berutti al 2800; enfrente a la casa donde vivía Gabriel.

El joven de 23 años falleció el 11 de octubre del año pasado a causa de una neumonía (que según sospechan sus familiares los médicos no detectaron a tiempo) después de batallar durante nueve largas jornadas en la terapia intensiva del Hospital Provincial. Su partida, dice su mamá, no sólo la llenó de un dolor inmenso, sino también de mucha bronca que todavía la transforma cada vez que en la charla vuelve sobre esos días.

Los Borda son como tantas de esas familias nacidas y criadas en los barrios rosarinos. Esas que fueron ampliando sus casas a medida que nacía un nuevo niño y que tienen al tío, a la tía y a los primos viviendo a pocos metros. Todos hogares de trabajadores, donde no sobra ni falta nada.

"Cachi", como lo conocían en el barrio, era fletero. "Un tipo buenísimo. Era naturalmente solidario, ayudaba como podía pero nunca dejaba de hacerlo. Cuando salía a trabajar tenía en cuenta dos cosas: que no le faltara gasoil al camión ni monedas o caramelos en la guantera", lo recuerda Noelia, su hermana menor.

Por eso ahora, sigue la joven, sus familiares, sus amigos y sus vecinos intentarán poner en marcha la asociación civil que lleva su nombre y que intentará ponerse al frente de distintas iniciativas enfocadas en los chicos. "Lo mismo que a mi hermano le salía tan espontáneamente, como es la solidaridad", dice Noelia.

Por los que quedan. El acta fundacional de la entidad la firmaron unas 80 personas el pasado 11 de abril en el club Atlético El Porvenir, el mismo lugar donde ya habían organizado un té bingo y un torneo de fútbol cinco para mujeres con la idea de juntar fondos para poder inscribir a la asociación en la Fiscalía de Estado.

Con esos pesos compraron también las remeras negras con letras grandes que dicen "lo que queda no es poco". La frase la sugirió un tío de Gabriel, José Luis Fernández, aliado incondicional del proyecto. "La idea de hacer una asociación surgió en un momento en que la familia estaba muy mal y por entonces nos costaba ver que, si bien Gabriel se había ido, quedaban un montón de cosas para seguir peleando. Su hijo Valentín, de 3 años, indiscutiblemente, pero también por todas las cosas que el nos había enseñado".

Entre los proyectos más próximos de la asociación se anotan una biblioteca y un merendero donde se brinde apoyo escolar. Todo de a poco y con los pibes del barrio como homenajeados.

Jugar en la vereda. Por ahora, las energías se concentran en el festejo que servirá como carta de presentación de la iniciativa. Una kermese en plena calle, con los juegos que hace bastantes años dejaron de ensayarse en Tablada.

Carteles. En los comercios del barrio, las escuelas y las parroquias ya se pegaron carteles que invitan al evento.

Y en el comedor de la casa de Analía se amontonan latas pintadas de colores, pelotas de trapo, un gran tablero de ta te ti y bolsas de arpillera para jugar a las carreras. Habrá chocolate con facturas, caramelos y castillos inflables para saltar.

Hace un año, a los Borda ni se les hubiera ocurrido que iban a estar tan entusiasmados con todo eso. "Creo que si la ausencia de Gabriel nos enseñó algo, fue a valorar más la vida. Valorar más la posibilidad de estar juntos y estar más atentos a lo que le pasa al otro", dicen con unas ganas y una candidez que derriten la ausencia.

Porque, al fin y al cabo, afirman, juntarse y ayudar a otros es una forma de no olvidar a Gabriel, de tenerlo presente, de estar bien.

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