Crónica de un robo en barrio Las Flores
El viernes 14 de abril me asaltaron en la autopista frente al barrio Las Flores, con total impunidad, y "en el nombre de Jesús" (como dijo el señor Aldo Pérez en la carta de lectores publicada el lunes 18...

Martes 26 de Abril de 2016

El viernes 14 de abril me asaltaron en la autopista frente al barrio Las Flores, con total impunidad, y "en el nombre de Jesús" (como dijo el señor Aldo Pérez en la carta de lectores publicada el lunes 18, que se encontraba adelante mío), salvamos nuestras vidas. Cuatro adolescentes malvivientes, armados, pararon mi auto, uno de ellos me apuntaba en la cabeza, y los otros tres me saqueaban todo lo que llevaba, sin valor alguno para ellos como el maletín de la escuela conteniendo información y documentación ministerial, llaves de la escuela, entre otras cosas. Y también cosas materiales de valor como celulares, dinero, netbook, cartera, anteojos de lectura. Soy docente con 35 años de antigüedad, desde los 18 trabajo todos los días de mi vida con vocación de enseñar. Luego del fallecimiento de mi esposo me quedé a cargo de todas las tareas hogareñas y soy el único sostén para mi hijo. Me levanto a las cinco y media de la mañana de lunes a viernes, recorriendo 186 kilómetros. Salgo con lluvia, neblina, humo, a trabajar para ganarme dignamente el pan de todos los días, pago con puntualidad los servicios, impuestos, y hasta las multas de tránsito si me paso diez kilómetros del límite establecido por radares de dudosa ubicación por falta de señalización; tengo el auto en condiciones técnicas aprobadas, respetuosa de la legalidad, de mi profesión y de los valores que nos exige nuestro Dios. Un día viernes agotador, terminaba mi jornada, recorría los kilómetros y pensaba "qué cansada estoy, voy a dormir una linda siesta". Y de repente despierto de ese sueño, la realidad me hizo ver que vivo en Argentina, un país inseguro gobernado por autoridades ineptas con sueños de un pequeño burgués que sólo conoce la gran metrópolis, Miami, Europa, Punta del Este y otros tantos lugares; pero ignora que fuera de esos lugares hay otra Argentina: donde la inseguridad es moneda de todos los días, la corrupción avalada por funcionarios, y qué decir de la policía. Fui a la subcomisaria 19ª del barrio Las Flores a radicar la denuncia y la sumariante estaba en el casino, entonces me dirigí a la seccional 1ª de calle J. M de Rosas, donde me tomaron la denuncia; y luego amplié la misma solicitando un patrullero para entrar en Las Flores y reconocer a los malvivientes. Respuesta negativa. Al igual que el 911 al cual llamaba Aldo. La zona estaba liberada. La droga pasa delante de las narices de todos. Todos conocen quiénes roban, quiénes comercializan drogas, venden armas ilegales. Pareciera que en este país todo está preparado para beneficiar a los delincuentes, narcotraficantes, asesinos y tramposos. La burocracia es el aura que cubre toda esta impunidad. Aquí va mi pregunta: ¿quién responderá por los daños que me causaron, económicos, morales y psicológicos? Respuesta obvia: nadie. Porque vivimos en una república bananera gobernada por políticos que no están a la altura de las circunstancias y no conocen la realidad de los trabajadores, sólo están para matarnos con los impuestos.

Graciela Juárez