Crónica de una tarde gris
Aún recuerdo como una foto en mi memoria aquel otoño del 82. Ese 2 de abril el cielo estaba gris y el aplomo de aquel día parecía significar el llanto contenido de un pueblo en la absurda mentira de la victoria transitoria: habíamos tomado Malvinas.

Lunes 02 de Abril de 2012

Aún recuerdo como una foto en mi memoria aquel otoño del 82. Ese 2 de abril el cielo estaba gris y el aplomo de aquel día parecía significar el llanto contenido de un pueblo en la absurda mentira de la victoria transitoria: habíamos tomado Malvinas. Y allá estábamos mi amigos, y yo jugando al "fulbito", frente a la vieja casa familiar de un familiar barrio santafecino. En un momento me quedé con la pelota entre mis brazos, ante la mirada perdida de los pibes que, vaya a saber uno en qué pensaban. Cuando me di vuelta para ver lo que llamaba tanto su atención, pude observar el contingente de "nuestros muchachos" que iban al frente a pelear "¿por nosotros"? y uno a uno, uno tras otro iban desfilando los camiones, con más y más pibes, hombres, padres, hermanos, hijos y esposos que nos miraban envidiando nuestra suerte, tal vez deseando tocar una vez más, la última quizás, el cuero del bolo que tenía entre mis manos. Y nos quedamos mirándolos, a ellos, a los anfibios que venían del Batallón 101 de Santo Tomé y creo que algunos nos saludaban en un tácito pacto de silencio. Si hasta me parecía haber visto lágrimas en los ojos de algunos. De eso nunca se habló con los muchachos, como si aquel pacto hubiese sido también entre nosotros. Lo único que puedo decir es lo que pensaba y sentía yo en aquel momento. Y sentía bronca, una mezcla rara de bronca e impotencia de no poder ir con ellos, ni siquiera por mi propia voluntad. Por otra parte, si no me era permitido ir allá, ¿por qué no arreglar las cosas como en mi barrio? Con un partidito, en el cual el que ganaba se quedaba con todo, hasta con el honor y la gloria. Al fin y al cabo era solo un partido de fútbol. Hoy no pienso tan distinto y creo que los muchachos tampoco. Todavía recuerdo esas caras que me miran y aunque ya no tengo aquella pelota, cada vez que pateamos una con mi hijo pienso en aquel día, y en que esa pudo haber sido para alguien la última vez. Pero eso fue hace mucho tiempo, aquellos pibes tendrían entre 17 y 30 años. Yo apenas 7 años.

Alfredo Eduardo Gauna,
DNI. 24.275.545