Martes 25 de Marzo de 2014
Nuestra presidenta ha demostrado con creces que le gusta más hacer “public relations” internacionales que quedarse gobernando en el país que la eligió precisamente para esta última función. Pues a ella le disgusta transpirar y/o despeinarse (algo que en muchas ocasiones les toca sufrir a los que se dedican a ser clase dirigente). Sabemos que por su convalescencia de finales del año pasado, Cristina estuvo ausente de todo el terremoto social ocurrido en esos meses; pero ahora, viendo las turbulencias que generan las paritarias, y estando ella bien físicamente, me parece que tendría que mostrarse un poco más y no darnos la tremenda sorpresa de verla con su botita ortopédica visitando la tumba de Napoleón. En ese momento pensé tres cosas: a) la inseguridad que campea en la Argentina en estos momentos (quizás superior a la del Chicago de Al Capone) y los tres millones de escolares sin clases, ¿no la conmueven y no son motivo para quedarse en el país? b) ¿El narcisismo de la presidente la vuelve irrecuperable para los intereses del pueblo argentino? c) ¿Por qué vidas paralelas? Bueno, lo explico en tres actos. En el primer acto, Napoleón y los k tuvieron logros por una gran dosis de audacia. En el segundo acto, por soberbia, autismo, e incapacidad para adaptarse a la realidad, todos ellos comenzaron a complicarse y descender. En el tercer acto, sabemos cómo le fue a Napoleón y no sabemos cómo se despide Cristina. Pero Alberto Castillo en el tango “Como se pianta la vida”, dice más o menos que “todo rana que se pasa de la raya, tiene el final inexorable que siempre se da”.
Nelso Moirín / DNI 6.052.583