Edición Impresa

Crímenes de barrio Parque: La palabra del forense que hizo las autopsias de sus dos vecinas

El médico Víctor Frigeri vive frente a la casa de una de las víctimas y fue cliente del comercio del acusado. Ayer declaró como legista del caso.

Miércoles 04 de Diciembre de 2013

"Al señor Santoro lo conozco desde hace muchos años. Susana García era una vecina de enfrente, tenía una relación con ella de amistad y comercial porque le alquilaba el garaje para guardar el auto". Pese a esa familiaridad propia de un vecindario que lo ligaba con el imputado y con una de las víctimas, Víctor Frigeri no fue a hablar como un simple vecino al juicio que se le sigue a Martín Santoro por los crímenes de dos jubiladas de barrio Parque y de un locutor de Zavalla. El médico forense, con 23 años de antigüedad en la función y 8 mil cadáveres inspeccionados en su carrera, declaró ayer sobre las autopsias que practicó a las dos mujeres, ambas asesinadas por asfixia entre febrero y mayo de 2010 en robos a sus domicilios.

La declaración del forense fue lo más saliente de la mañana de ayer, en la segunda jornada de juicio. Santoro, de 37 años y verdulero de barrio Parque, está acusado como autor de tres homicidios criminis causa, es decir, cometidos para robar. El de Concepción Lavore, que fue asesinada en su casa de Suipacha 2124 entre el 1º y el 5 febrero de 2010. El de Susana García de Giménez, estrangulada en su casa de Riobamba 3036 el 27 de mayo de 2010. Y el de José Savini en su domicilio de Dorrego al 2300, en Zavalla, entre la tarde del 12 de mayo y la madrugada del 13.

Peritos. Por la mañana fue el turno de peritos que intervinieron en el levantamiento de los cadáveres, autopsias y croquis. El severo trastorno de memoria del primero en declarar, un médico de policía retirado que no pudo recordar siquiera ante la exhibición de fotos, contrastó con la solvencia técnica de Frigeri, quien practicó las autopsias de García y de Lavore.

En ese entonces era además vecino de barrio Parque, adonde se había radicado en 1977 y de donde se mudó el año pasado. Por eso, su testimonio no se limitó a su práctica profesional. Contó que vivía a 70 metros de la verdulería de Riobamba y Francia y que conocía desde su llegada a Roberto Santoro, dueño y padre del acusado. Ante las preguntas del fiscal Esteban Franichevich y del querellante Ignacio Carbone respondió que en el negocio hacían despachos a domicilio.

"En alguna oportunidad a mí me han llevado cosas, bolsas de carbón, a veces iba y compraba en exceso. Entonces ellos mismos, incluso por el conocimiento que me une al padre, me llevaban las cosas a mi casa", relató, y dijo que también se realizaban envíos a domicilio a la casa de García.

Frigeri también tenía una relación cercana con la mujer ya que vivía enfrente de su casa y le alquilaba la cochera para guardar el auto de su esposa. "Tenía una relación con ella de amistad y comercial porque le alquilaba el garaje", refirió. Por ese motivo, el día que fue hallado el cuerpo de la mujer atado por el cuello al picaporte de la cocina, él presenció el operativo policial y judicial desde la vereda.

Contó que una prima de García lo llamó conmocionada para informarle lo que había pasado y entonces se dirigió a su casa. "El forense no va al lugar del hecho salvo excepciones. Yo estaba en la puerta como simpe observador. En ese momento llegó el doctor (Juan Andrés) Donnola (juez de Instrucción de la causa) y me hizo pasar. Encontré a Susana García en un ahorcamiento incompleto, que es una parte del cuerpo suspendida y una parte del cuerpo apoyada en el piso", describió.

Sobre el informe de autopsia explicó que el cuerpo tenía "todos los signos de la asfixia": la compresión del cuello por un elemento (sería un cable de teléfono retirado antes de autopsia) y cianosis (coloración azul por falta de oxigenación de la sangre) en la zona del mecanismo compresivo. Además detectó un hematoma por encima de la ceja izquierda y una lesión en el cuero cabelludo propias de un golpe realizado en vida, muy poco tiempo antes del ahorcamiento, y que le podría haber provocado pérdida de conocimiento.

Sobre el caso de Concepción Lavore refirió que murió por anoxia, uno de los tipos de asfixia. "Tenía una bolsa cubriéndole el rostro y la cabeza. El mecanismo asfíctico fue por sofocación. El cadáver se encontraba con signos de descomposición. Se estima que el deceso pudo haber ocurrido quince días antes" del estudio, cerró su exposición.

Planteo por llamados. Luego, el fiscal pidió que el tribunal llame a declarar a directivos de Telecom y Telefónica para que atestigüen sobre los listados de llamadas incorporados a la causa, pero los defensores Raúl Superti y Rafael Tamous se opusieron. Plantearon que en la lista de testigos figuraban los nombres de otros dos responsables, que ya no son empleados de las empresas y no fueron localizados, y no de quienes cumplen actualmente esa función.

Ante el pedido de la fiscalía para interrogarlos, con la adhesión de Carbone y el rechazo de la defensa, el tribunal dispuso un cuarto intermedio para deliberar. Resolvió no autorizar esas declaraciones, aunque permitió que se incorporen los informes de llamadas para que sean valorados al momento de los alegatos.

Los vecinos quieren que actúen dos fiscales

Tras los primeros dos días de juicio, marcado por contrapuntos y objeciones constantes entre los dos abogados defensores de Martín Santoro y el fiscal Esteban Franichevich por cuestiones de forma y de procedimiento, el grupo de vecinos Barrio Parque en Alerta insistió con un pedido que había realizado el 3 de octubre pasado ante autoridades del Ministerio Público Fiscal para que sean al menos dos los fiscales que intervengan en las audiencias y se les brinden más recursos.

Los vecinos que se reúnen en la sede del club Nueva Aurora, de Riobamba 2970, habían solicitado “se evalúe afectar conjuntamente por lo menos dos fiscales con auxiliares suficientes para la intervención en el debate y para cubrir eventualidades” en un proceso en el que se debaten tres asesinatos bajo una grave figura penal.

El planteo no fue respondido y ayer lo reiteraron públicamente al término de la segunda audiencia. En la que el fiscal, en una de sus intervenciones, se refirió las demoras de la causa durante la instrucción previa: “Yo esperé tres años y medio para estar acá”, enfatizó.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS