Crímenes de familia

Viernes 11 de Septiembre de 2009

• Caso Lovazzano: El 5 de agosto de 1994, en la ciudad de Pérez, el policía Carlos Alberto Lovazzano, de 27 años, mató a balazos a su esposa Adriana Capellini, de 26; a su cuñada Marcela Capellini, de 17, y a la abuela de ambas, María Caselli, de 75 años, e hirió a otras cuatro personas en una peluquería, dos de las cuales eran familiares directos y dos clientes.

• Caso Ahumada:  El 3 de diciembre de 1996, en una casa de Camilo Aldao y Casilda, Humberto Leonel Ahumada, de 49 años, después de discutir con su mujer asesinó a puñaladas a sus cuatro hijas menores: María Celeste, de 8 años; Pole, de 4; Macarena, de 3 y Priscilla, de 9 meses.

• Caso Villarruel: El 15 de agosto de 1997, David Sergio Villarruel, de 40 años, domiciliado en Granadero Baigorria, utilizó un extintor de incendios para matar a golpes a su mujer, Alicia Pighin, de 50, y a su hijo Fernando, de 14 años. Luego los incineró y arrojó en un camino rural de Ricardone. Dos hijos salvaron su vida de milagro.

• Caso Capotesi:  El 21 de diciembre de 1997, Rogelio Guido Capotesi, de 53 años —con un revólver calibre 38—, mató a su hija, Magalí Gisela, de 3 años, y a un vecino, Honorio Almada, un sodero de 37 años. También hirió a su ex pareja, Luisa Vargas, de 25 años, y al hijo de Almada, un nene de 2 años. Finalmente Capotesi se suicidó.

• Caso Adorna: El 4 de octubre del 2003, Tulio Adorna, de 17 años, irrumpió en el living del chalé familiar de Funes y gatilló una pistola Bersa con silenciador y un balazo perforó la nuca de Alberto Adorna, el padre. Enseguida, otro tiro atravesó la cabeza del hermano menor del tirador, Germán, de 16. Después hirió a su abuela, Catalina Dártoli, de 80, a su madre, Alicia Travagliante, de 49, y a su hermana Nadia, de 19 años.

• Caso Zanuzzi: El 16 de octubre del 2004, Luis Sebastián Zanuzzi, un rosarino de 29 años que vivía en Porto Alegre, mató a su esposa y a sus suegros, ocultó los cadáveres en el espacio que él mismo construyó levantando una doble pared en una habitación de la vivienda familiar y se alojó en un hotel de lujo luego de denunciar la falsa desaparición de sus parientes. Su nerviosismo en el momento de presentarse en una comisaría y algunos pasos en falso que dio el día de los crímenes hicieron sospechar a la policía, que apenas entró al departamento escenario del hecho halló manchas de sangre. Horas después, al golpear en la doble pared de reciente construcción, los uniformados hallaron los tres cadáveres ocultos.