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"Crack, bang, boom", un festival de historieta para sentirse héroe o villano

Charlas, presentaciones de libros, muestras y 80 stands para comprar todo los objetos relacionados con el cómic de ayer y hoy en la cuarta edición internacional en Rosario.

Sábado 03 de Agosto de 2013

Meterse en un cómic no es por estos días nada absurdo. Basta con recorrer los galpones del Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC) y del Centro de la Juventud (Sargento Cabral y el río) o darse una vuelta por Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza), para sentirse por un rato un superhéroe, villano, un personaje medieval o de una película de ciencia ficción. En esos tres lugares se desarrolla hasta mañana "Crack, bang, boom", la 4ª edición del Festival Nacional de la Historieta.

Este año el evento rinde homenaje al guionista de policiales Ray Collins (su verdadero nombre es Eugenio Zappietro y es ex comisario de la Policía Federal Argentina). Pero además, el evento garantiza muestras, charlas, presentaciones de libros, proyecciones y la venta de todo lo relacionado con las historietas, ayer, hoy y siempre.

Entre el viernes y ayer visitaron el encuentro de 80 stands más de 3 mil personas. Los padres se excusan y dicen que llevan a sus hijos: no les crean, este festival no tiene edad. El matrimonio Pascussi, de Capital Federal, dio ayer cuenta de ello. Con bebé en brazo y vistiendo pulseras amarillas en la muñeca (se las colocan a todo visitante) reconocieron que visitaron especialmente Rosario, por Crack, bang, boom.

"Nos encanta el cómic y sabíamos que esta feria era buenísima. Compramos algunas revistas", dijo la mujer de la casa.

En la otra punta de la franja etárea se lo encontró a Lautaro Alvarez, de 13 años, pegado a un stand de muñecos y con un rollito de 50 pesos en el puño. "Me encantan Linterna Verde y Batman. Algo compraré", anticipó.

Pero elegir "algo" es justamente lo difícil, porque hay de todo y para todos los bolsillos de un público masivamente de freakies, coleccionistas, nerds y "eternos adolescentes". Palabras más, palabras menos, eso fue lo que reconoció con orgullo Fernando Pinto, de treinta y tantos años, vestido con remera negra de Star Wars y apasionado en describir cada uno de los objetos de su stand. "Entre otras cosas tenemos trajes de Darth Vader o de Indiana Jones, para coleccionar o tan sólo disfrazarse, por 10 mil pesos", comentó.

Y hay más. Un Guasón que posa ante las cámaras del público o un panel que presenta dos novelas gráficas de autores brasileños publicadas por la Editorial Municipal (Oeste Sangriento, de Marcelo y Magno Costa; y Banda de Dos, de Danilo Beyruth).

También se venden remeras con estampas: The Punisher, Batman o V de Vendetta, en todas las medidas, desde los 70 pesos. Muñequitos y muñecos, desde 130 pesos y estatuillas de 6 mil pesos. Bombachas tipo culotes, a 30 pesos y pósters a 10 pesos. Hay cómics desde 30 pesos a mil y libros (los 4 tomos del cómic Cien Balas, a 2.200 pesos, son de los más preciados). Muñecas coreanas desde 250 a 1.400 pesos; gorros y tazas a 40 pesos y una mochila de Arturito (en rigor R2D2), por 600 pesos.

Además, un escultor que trabaja in situ. Sandro Alzugaray, un rosarino que modela cómics de resina, ayer trabajaba sobre un Hulk y mañana, a las 17, sorteará un Batman, con capa y sobre gárgolas góticas, que cotiza 3 mil pesos y le llevó más de un año terminar.

Otra obra imperdible, la de Vicente Sutkowski, quien realiza y exporta réplicas de armas antiguas de acero, medievales y fantásticas. Una daga cuesta 1.700 pesos, la espada de un gladiador romano, 2.300. Una película.

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