Cosas que no me cierran
Hace 40 años, con apenas 14, trabajaba, estudiaba, jugaba al fútbol y era feliz. Digo, hoy, con 54 pirulos, me encuentro que por el jugador colombiano James pagan 80 millones de euros, pero no se puede...

Martes 26 de Agosto de 2014

Hace 40 años, con apenas 14, trabajaba, estudiaba, jugaba al fútbol y era feliz. Digo, hoy, con 54 pirulos, me encuentro que por el jugador colombiano James pagan 80 millones de euros, pero no se puede controlar el ébola; que hacer un pozo de agua en Africa sale dos mil dólares, euros o camellos, pero por Di María van a pagar más de 100 palos de euros. Entonces me entristezco por tener una sociedad que se fue pudriendo cada día más, y que te obligan a hacer justicia por mano propia porque llegás a la comisaria a hacer la denuncia y la misma policía te sugiere que no la hagas, o seguramente le incrementás el prontuario al comisario, por los delitos que se cometen en la zona y eso le resta puntaje o te están robando en tu propia casa y llamas al 911 encerrado en un baño o dormitorio, y el 911 es la fecha triste, del atentado al World Trade Center. Y ves esta sociedad podrida por la crítica a la señora Carlotto porque es K, peronista, millonaria o lo que fuere y no se dan cuenta de que lo importante fue que ese pibe encontró sus raíces. Pero todos somos técnicos, críticos y unipersonales. La oposición se opone porque le dicen oposición pero se opone al de turno; y el de turno cuando es oposición hace lo mismo, devuelve favores; eso sí, a veces coinciden porque les conviene a los dos. Y después escuchás los domingos a Lanata, con denuncias verdaderas o verdades que no entendés, y es al reverendo botón que denuncie porque no pasa nada y Cristina se pone nerviosa cuando habla de los buitres, pero no hace comentarios de las acusaciones, ni las propias, ni de las de su vice, ni de nada, ni se defiende dando la cara con el mismísimo Lanata. Los políticos parecen creer que son Highlander, que nunca morirán, que los féretros vienen con bolsillos, que no existe la historia. A veces camino mirando los rostros sin sonrisas, se diluye el festejo de ganar un clásico, y lo cambiamos por el número de asesinatos o robos que llevamos, somos Guinness. Rosario es eso, récord de tristeza, de desazón, de locura, de temor, de impotencia, de bronca, de injusticia, y día a día inclinamos para abajo, cuando entre todos juntos podríamos ser potencia y elevarnos. Pero esperamos, tenemos la costumbre de esperar, hasta estar agotados, porque seguramente vamos a salir igual, porque cada año es una esperanza nueva, y el 13 iba a ser malo por ser yeta, pero el 14 se emborrachó de terror, y el 15 no será una niña bonita porque seguiremos esperando que alguien haga algo. Y seguramente a las seis de la mañana pelearan argentinos contra argentinos en un piquete cortando General Paz, de un lado intereses verdaderos y falsos, del otro lado la policía mandada por alguno de esos intereses, y seguramente seguirán existiendo hasta que el mundo sea mundo, o deje de serlo por nuestra culpa. Tanta ciencia ficción no es falsa, sacada de una realidad, que poco a poco avanza, como “El patrón del Mal” está avanzando en esta triste Argentina. “ The life is one”, lo entenderán hasta los analfabetos que nosotros nos permitimos, lo entenderán los políticos de turno, los que se fueron y los que están por venir. Qué pena que “por venir” tenga que escribirlo separado y no poder juntar esas palabras para escribir “porvenir”. Salimos cuarenta mil personas para llenar un estadio, pero no salimos dos millones o 20 millones para reclamar algo justo y pedir por crecer, por corregir, por educar, por salud, por seguridad. Somos valientes en un asado insultando a un gobierno inoperante o no. Pero si es inoperante, cambiémoslo por otro que sirva, pero no esperemos más. Sin balas, sin tiros, sin muertes, pero no esperemos. Hago apología de la dignidad, de laburar todo el día en tres o cuatro cosas diferentes para poder pagar impuestos, comprar comida, ropa, viajar, vivir dignamente. No quiero laburar para pagar un TV que ya me robaron, no quiero pagar por una tomografía, el costo de varios sueldos, no quiero dar limosna en un semáforo, ni negarme a que me limpien el parabrisas, no quiero pelear, no quiero discutir, no quiero estar triste cuando años atrás era feliz con casi nada. ¿Saben qué? Quiero que las redes sociales sirvan para unirnos y hacer ruido, como dijo Francisco, no el ruido de la sangre derramada, el ruido de la algarabía.

Jorge Marcote / DNI 13.093.744