Domingo 20 de Septiembre de 2009
Imaginarse el tango sin el bandoneón es imposible, pero esa "voz enronquecida" y las "notas doloridas" que lo caracterizan corren el riesgo de desaparecer ante la falta de fabricantes y la apropiación por parte de coleccionistas.
Por eso, Uruguay se lanzará al rescate de ese instrumento que le dio identidad y caracterizó al tango desde las primeras décadas del siglo XX, hasta convertirlo en un patrimonio cultural de la región del Río de la Plata.
Para fortalecer esa iniciativa, que se impulsará en conjunto con Argentina, Uruguay espera que la Unesco apruebe a fines de este mes la declaración del tango como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, accediendo a un pedido conjunto de Montevideo y Buenos Aires.
"Si finalmente se aprueba, como todo parece indicar, entonces el tango adquirirá otra dimensión y permitirá llevar adelante una serie de proyectos", dijo Eduardo León Duter, director de promoción cultural del gobierno municipal de Montevideo.
El funcionario recordó que "el tango es una expresión artística que reúne a la música, el canto, la danza, la poesía, la pintura y como tal debe ser encarado para su preservación y desarrollo".
En ese sentido señaló que "una de las cosas que se proyecta es abordar el problema de la cada vez más escasa existencia de bandoneones, porque ya no se fabrican y porque, los pocos que quedan, muchas veces son adquiridos por coleccionistas que vienen y se los llevan".
Hay una vieja idea de favorecer la radicación de una fábrica en Montevideo o en Buenos Aires, lo que se reactualizaría en caso que la Unesco declare al tango como patrimonio de la humanidad.
El bandoneonista uruguayo Néstor Vaz es más optimista respecto de la permanencia del instrumento. "Decir que está en riesgo de extinción me parece una ligereza, porque se dejó de fabricar industrialmente después de la Segunda Guerra Mundial y sin embargo, sigue existiendo".
“Ni el tango ni el bandoneón han desaparecido”, ya que “hay quienes lo fabrican artesanalmente” y atienden la demanda, agregó el músico que está considerado entre los más prestigiosos de Uruguay.
Según Vaz, el famoso instrumento se irá adaptando a los tiempos “como ha ocurrido hasta ahora”. “Los músicos encontrarán la forma de preservarlo o el tango irá evolucionando hacia una expresión sin el bandoneón”, agregó.
En cuánto a los planes para revitalizar el tango, Néstor Vaz advirtió que “no basta con una declaración de patrimonio inmaterial, sino que ello debe ser acompañado por políticas culturales”, entre ellas las escuelas de formación musical.
No se tienen datos ciertos sobre la llegada del bandoneón al Río de la Plata, pero se atribuye su invención al alemán Heinrich Band (1821-1860) ante la necesidad de disponer en las iglesias de un órgano portátil para la tarea de evangelización.
Pero el de Band no es el único nombre alemán ligado al famoso instrumento. El empresario germano Max Epperlein fue el responsable de la primera importación sistemática a Argentina de los bandoneones marca ELA que eran las primeras letras del nombre completo de Ernst Louis Arnold, famoso fabricante del siglo pasado.
Continuó esta línea su hijo, Alfred Arnold, cuyos bandoneones Doble AA eran, y siguen siendo hasta hoy, los más requeridos y apreciados y valiosos.
Fue en el Río de la Plata donde el bandoneón adquirió protagonismo y se fue haciendo un lugar insustituible en el tango, de la mano de grandes figuras como Aníbal Troilo y Astor Piazzolla en Argentina, y Marino Rivero, Néstor Vaz y Raúl Jaurena, en Uruguay.
En el lunfardo, lenguaje utilizado por los tangueros, al bandoneón se le conoce como fueye por su condición de instrumento aerófono, emparentado con el acordeón que, sin embargo, se utiliza solamente en el género folklórico. En cambio, el bandoneón identifica al tango pero “invade” también al folklore, principalmente en la Mesopotamia.
En este contexto, las nuevas generaciones se enfrentan al desafío de preservar la “voz enronquecida” y las “notas doloridas”, como escribió el poeta argentino Pascual Contursi, en un recordado tango dedicado a este instrumento.
“Oportunidades siempre habrá y, hay que ser optimista, porque al tango generalmente se llega siendo adulto, después de tener ciertas experiencias de vida. Y el tango, con su cuota de tristeza y nostalgia, siempre nos está esperando allí, pacientemente” con el bandoneón, como compañero de melancolías, resumió Vaz.