Corazones flechados
“La Sandromanía tiene sexo femenino pero no tiene edad”, comenzaba el anuncio de La Capital sobre los shows que El Gitano iba a realizar en Rosario en 1998. Por miles se agrupan gracias a una “religión” que ha ido sosteniéndose de generación en generación. Se reúnen en clubes de fans y repiten año a año el peregrinaje a la mansión de Beruti al 200, en la ciudad bonaerense de Banfield, para festejar todos los 19 de agosto el cumpleaños del ídolo.

Martes 05 de Enero de 2010

“La Sandromanía tiene sexo femenino pero no tiene edad”, comenzaba el anuncio de La Capital sobre los shows que El Gitano iba a realizar en Rosario en 1998. Por miles se agrupan gracias a una “religión” que ha ido sosteniéndose de generación en generación. Se reúnen en clubes de fans y repiten año a año el peregrinaje a la mansión de Beruti al 200, en la ciudad bonaerense de Banfield, para festejar todos los 19 de agosto el cumpleaños del ídolo. Allí cantan, bailan y, cuando a Sandro le daba el cuero, hasta se sacaban fotos con su ídolo. Son incondicionales y todas aseguran que está enamoradas de él.

Y por supuesto Rosario no escapó a semejante devoción. “Yo quiero que lo quieran como lo quiero yo”, argumenta María Elena Navarro casi con una rima de canción. Su amor por Sandro comenzó a los 13 años. Cuenta que compró dos revistas usadas. Una de El Gitano y otra de Raphael. Pero no tuvo dudas y la atracción del primero se transformó en una elección de vida: “Desde ese día tengo la obsesión de tenerlo y comprarlo”.

Hoy su casa de calle Solís en barrio Belgrano es una templo de adoración a una persona que acabó con el tiempo convirtiéndose en su amigo. Sobre los modulares del living hay sólo fotos de Sandro. Y libros, casetes, CDs, revistas, videos, discos y muchos álbumes que retratan los momentos vividos, junto a su marido Héctor y las otras nenas, al lado del ídolo los llenan. Si hasta tiene una pieza con su puerta coronada con el nombre de él y su interior está poblado de posters y fotografías.

La montaña de materiales que juntó a lo largo de sus cincuenta y pico le permitió entre 1996 y 1998 recrear un programa en Radio Uruguay que llevó el nombre de “Sandro por siempre” y que, obviamente, versaba sobre el cantante y desandaba su música. “Ahora la radio solamente pasa las canciones más conocidas”, se queja no sin aclarar que ellos tenían una mirada más amplia sobre la obra de El Gitano.

Pero cuidado, María Elena no es una fan. “Nosotros no somos fanáticos, somos admiradores”, dice con firmeza. De allí el nombre del Club de Admiradores “Siempre te amaré” que creó desde Rosario. Fue un 20 de junio de 1994 en el bar que quedaba frente al teatro E Círculo. Allí se juntaron las nenas (y los nenes) de Sandro y fundaron una asociación que perdura en el tiempo.

El Club de Admiradores “Siempre te amaré” hoy tiene unos 200 asociados, entre hombres y mujeres, de Junín, Trelew, Mendoza, San Lorenzo, Las Rosas y Arroyo Seco, entre muchas otras ciudades.

Entre ellos intercambian informaciones y amistad, y reparten solidaridad. Y pueden dar fe de ello las autoridades y las voluntarias del Hospital Municipal Roque Sáenz Peña, de la zona sur, y varios centros de asistencia de la zona oeste de la ciudad. Todos los 19 de agosto, cumpleaños de Sandro, las nenas se hacen allí presentes y regalan ajuares confeccionados por ellas mismas a todos los chicos de la nursery. “Primero les regalábamos a los que habían nacido ese día, pero desde hace unos años el presente es para todos los chicos que están allí”, explica.

La aclaración no es menor ya que las admiradoras de Sandro prefieren caracterizarse claro por su apego a la figura de su ídolo, pero a eso le agregan un servicio a la comunidad que para ellas es fundamental.

María Elena se concentra y escarba en su memoria para no olvidarse detalle. Y encuentra recuerdos de esos, para ella, maravillosos. Y relata que no sabía como convencer a su madre para que la deje ir a ver a Sandro. “Eran otras épocas y era muy difícil que los padres nos dejaran salir”, y bromea: “Las otras madres cuidaban a las chicas porque creían que se iban a buscar novios y yo el único novio que quería era Sandro”. Así pudo verlo en el parque de Río Negro y Mendoza —”se hacían shows al aire libre. Empezaban a la tarde y terminaban a la noche”—, en el club Servando Bayo y en Unión y Progreso. Aunque su recuerdo más grato es el de los carnavales de los años 60 en Provincial y los de los años 70 en La Rural.

Y casi como una paradoja del destino pudo ir a ver a El Gitano con tranquilidad y sin pedir permiso cuando se casó. A Héctor, hoy su marido, cuando eran novios le gustaba más Tom Jones que Sandro. Pero quizás su amor por María Elena y su incipiente devoción por el argentino lo puso desde su matrimonio del lado de su mujer.

Y junto a su esposo construyeron toda una amistad con el ídolo. “Pudimos hacerlo porque siempre lo hicimos con respeto, siempre pidiendo permiso y nunca sin el consentimiento de Sandro”, dice María Elena. Fue así que el cantante los recibió dos veces en el 96 y 98 cuando estuvo en Rosario. Después de los shows, El Gitano se tomaba un tiempo para estar con ellos y otros amigos. Y uno de esos días, estuvieron tres horas charlando en el hotel Presidente. “Estábamos con él —le toca el turno a Héctor— hablando y filmando. Y en un momento él mismo pide que paremos de filmar y como grandes amigos nos pusimos hablar de su vida, de sus mujeres, de sus cosas. El nos disntinguió con su amistad”.

Hoy María Elena, Héctor, Sandra (la hija de ambos) y todas las otras nenas lloran la partida de su ídolo. Aunque no sólo no se arrepienten de lo hecho, sino que juran y perjuran que seguirán haciendo lo que El Gitano les inspiró: amar hasta perder la vida.

O. V.