Miércoles 02 de Noviembre de 2011
Soy usuaria asidua del transporte urbano de pasajeros. Según el estudio de la comunicación, los espacios se definen como sociópetas cuando fomentan la comunicación y el contacto, pero si no lo hacen se definen entonces como sociufugos, al cual considero que el colectivo hace su mejor honor. Sin embargo el hecho de que el espacio se defina como tal no hace a que los usuarios sean tan mal aprendidos y pasen de crear un espacio sociófugo, a crear un espacio el cual uno no ve la hora de fugarse. Se ven repetidas veces actitudes tales como hacerse los desentendidos cuando los asientos reservados son requeridos, apostarse adelante, intentando hacerse los que no ven para pasar hacia atrás y dejar despejado aunque sea el frente de la máquina que cancela las tarjetas. Días atrás subí a un interno por atrás (es decir por donde algunos pocos civilizados descienden) y luego de marcar tarjeta cuando me bajé y mi viaje finalizaba, bajándome, obviamente, por delante; es decir, todo al revés. También subí con mi abuelo, un señor mayor muy bien plantado en su equilibrio, sin embargo no justificativo para no darle el asiento, y ni hablar de la musicalización que algunos le aportan al pasaje, quiera o no, uno tiene que someterse a escuchar lo que venga. No sé dónde quedó la propuesta de prohibir la música a todo volumen en los ómnibus. Nos quejamos todo el tiempo de los colectivos, pero nos olvidamos que los usuarios lo constituimos en gran medida. Hay gente que siente que sube a su propio vehículo, es una historia diferente el colectivo, es simple, uno comparte el espacio con otras personas; en mi auto yo también hago lo que quiero, pero allí no. Se exige limpieza en las unidades y ahora que cada una tiene su cesto de residuos se siguen viendo tarjetas "escondidas" en ventanillas y laterales de asientos, o en el suelo. Nos quejamos de que nos transportan como ganado, pero viajamos en los estribos porque algunos cómodos se acomodan donde caen, sin moverse porque, total, no les importa si ya se lograron acomodar. Con esto no quiero decir que el transporte no deba aún mejorar algunos aspectos, sin embargo si nos vamos a quejar, comencemos a fijarnos qué cosas hacemos de nuestra parte y tratemos de cambiar, por el bien de los demás y por una convivencia mejor.
Jorgelina Colella,
jorsol85@hotmail.com